Ella viene junto a los rostros extraños
La veo hacia mi cuerpo
Como una presencia de vértigo
Y precipicio.
Todo aquello que no renunciará en lastimar
Se cae en su piel y se adormece.
Está vivo el deseo de su nuca
Hubo allí un perfume intraducible
Donde nada fue tocado por la ruina
Está vivo, solo e inútil, su deseo.
Ahora interrogo a la oscuridad
Y una voz congelada dice que muero
Aunque yo pienso en el mar inmóvil.
Ella no sabe, pero yo sí, con el alma completa.
Viene junto a los dibujos perdidos hacia mí.
La miro y ella no sabe este vértigo.
Nunca escribirán el exacto calor de sus gestos.
El acto impresionante de amar es fácil en ella.
Yo sé que no persiste lo irreparable
Cuando respira y se vuelve para reconocerme.
Frágil, extraña y amanecida
Su boca alucinará a los de hambriento corazón.
Sólo necesito que ella venga hacia mi cuerpo
Todavía entre los rostros extraños.