A veces pienso que el mar,
se cansa de mostrar su fuerza,
de mirarse infinito,
de saberse inmenso,
ante los ojos de los hombres,
se cansa de agotar las rocas
en la orilla de su imperio,
de sacudir embarcaciones,
y tragar agua del cielo.
Se cansa de ser bravo,
de pelear con su ejercito de olas.
Se aburre de ser poderoso
y entonces decide cambiar…
respira profundo,
con su aliento a sal
y tardes de arena y playa.
Y nos muestra su cara amable
apacible y paternal,
moldea la figura femenina de
la madre tierra
y regala de sus entrañas
la vida a los pescadores.
En el espejo de su alma
refleja la imagen de la luna
su eterna enamorada,
que algunas noches también
baja y se une apasionada
en un beso de plata.
El mar cuando serena
nos regala un instante de tranquilidad
y de romance.
Un instante de mar es la analogia
de la vida misma, que comienza y
se termina…pero ama.

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