Mi pena no es extraña,
no es ajena a mi dolor;
todo vale un instante,
un instante de tú amor.
No me tomaste del brazo,
te aferraste mi corazón.
Callé para no decírtelo,
pero hablaron mis caricias,
con todo mi amor.
A veces cerrado por mi rencor
no dejé entrarte amor,
forzaste con dulzura mi despecho
y quedé indefenso ante vos.
Mi locura era mi barrera,
cuerdo soy títere de tú pasión.
No pienses que no te quiero.
Nunca te dije adiós,
para que hacerlo,
si nunca me alejé de vos.
Autor: Ariel Lenin Columbich