Poesías

Ahora, no

Por , en 15 de noviembre de 2009

Pie, ¿para qué os quiero, si tengo alas para volar?
Frida Kalho
I
¿Cuándo partió el amor, sin darme cuenta?
¿A qué hora…si no sentí las campanadas?
¿Qué día de la semana anotaré, si la memoria olvida?

¿Y después de este tiempo te apareces?
Me gustaría decirte de lo bueno que es verte,
acaso que te extraño…más, no es cierto.
II
Aquella vez, durante el desayuno, miré por la ventana
buscado en la cristalina transparencia el amor en tus ojos;
pero prolijamente revolvías el café, y yo, con labios apretados
pensaba en el “después”, desunidos pocillos de perfecta estructura
la misma soledad, la misma perfecta compostura.

Hubo un simple hasta luego…que fue un nunca más;
y en lugar de caerme o de llorar,
me armé de estropajos y plumeros, me dije basta ya,
alejé la rutina, la agonía, y llené la casa de flores y de aromas,
buscando en el silencio algo de paz.

Después me dije, necesito un hueco, un hueco en la barranca,
para guardar el pan de la alegría, de la alegría blanca,
pero que sea de piel, de barro, sílice aglomerado
de lloviznas tan viejas que resbalen por las mismas huellas.
Y como famélico perro callejero, tapé con premura
la oquedad de los sueños, los últimos recuerdos fusionados
a salvo de los malignos vientos, para entibiar de a poco la ternura.
III

¿Y ahora te presentas así?,
¿tan insolente como si fuera el primer día?
Frente a mí tu despojo, exigiendo…
la calidez que olvidaste en el invierno.

I V
¿Me preguntas si no tengo corazón?
¡Por favor! ¡En este tiempo!
Mírame, mírame ahora, que estoy desnuda, como una alondra ajada.
¿No ves el hueco? ¿No te das cuenta del hondo socavón?
Si acaso, tus manos hurgaran buscando la tinaja latiente,
recién entenderías, que está bien a resguardo entre cerrojos.
Entonces, si aún quieres, júzgame como soy. Y punto.
Le guste a quien le guste. Ya viví demasiado. Pero sigo Mujer, y no despojo.

V
¿Y me preguntas dónde está el corazón? ¡A mí! ¡Tan luego!
Después que lo arrancaste a dentelladas,
gozando mi dolor, caníbal de estertores,
lo apretaste hasta que sólo quedó la pulpa roja, carne podrida,
pellejos que no devoran ni caranchos ni buitres opresores.
Y con toda la luz de triunfo en la mirada
lo quemaste en el fuego gritando tu libertad ,al fin lograda.

VI

Ahora no me vengas con flores y sondeos…
mejor…mejor, píntate las canas y elévate para que no se note la caída.
Pero…por favor, no vuelvas, ya no quiero cadenas.
Que estoy de estreno, con palabras nuevas.
Que estoy fundada sobre el aliento del sosiego, escuchando los cantos de la vida,
que me yergo, sostenida de orgullo, sonriendo a los espejos,
porque ahora sé que puedo retornar al vuelo,
que soy pico entreabierto, que tengo alas, que me permito ascender al cielo,
reviviendo otra vez con las palomas, porque tengo el corazón, como un capullo rojo.
Lidia Esther LObaiza-Coronda-Santa fe

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