Amor y Lágrimas

3 de Enero, 2008

Eras como un pajarillo frágil y débil
que esperaba salir volando
y escapar de aquella horrible tortura.

Con un trozo de pan y sobrasada
calmabas el hambre que tu estomago tenía,
aunque no era suficiente
y la gente te decía que abrieras la nevera,
tu con miedo contestabas que no podías
pues no estabas en tu casa.

¡Cuantos palos te darían!,
¡Cuánto sufrirías!, ¡pobreta mía!.

Charlábamos de nuestras cosas,
nada de lo que una tía y una sobrina no pudieran hablar
y así pasábamos los ratos
que conseguíamos estar juntas.

En tu humilde vida
hubo más penas que glorias
y te llenaron la cabeza
diciéndote que ya no te queríamos.

Todo eso era mentira
pues de haber sido verdad
ahora no te estaríamos recordando.

Te recuerdo tirando la basura,
recogiendo collejas,
lavando, bajando a la casa nueva
y cuando de pequeña te hacía rabiar
atándote fuerte el delantal.

No podíamos estar juntas,
pero tampoco separadas,
como bien decía la abuela,
yo sé que me querías,
yo sé que te quería
y ese es el único consuelo
que me queda en tu ausencia.

La despedida es un dolor amargo
pero más triste es no volver a ver al ser querido.

Y ahora mi corazón llora de pena
al no tener tu presencia.

Autor: V.B.L.

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