ÁSPERA DESPEDIDA EN LA HABITACIÓN

26 de Junio, 2008

Una daga en la maleta
partía mi corazón en el ajuar de mi casa,
sosteniéndola entre mis dedos descolgados
se extendía mi brazo como una goma elástica,
apenas mis pies soportaban todo el peso del dolor,
en mis talones sentía el frío del mármol
que recorrían mis huesos arqueados.

Aquella tarde indivisa
fue una larga despedida austera,
sin palabras, sin lágrimas, sin un adiós,
un quebranto en el tiempo sin razón,
un entretanto sustentado por piedad,
la voz del pensamiento, el silencio naufrago,
la advertencia de la proximidad de la separación.

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