<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Poesias Leer Gratis &#187; Marcelo Ferrando Castro</title>
	<atom:link href="http://poesias.leergratis.com/author/marcelo/feed" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://poesias.leergratis.com</link>
	<description>Publicamos tus poesías. Anímate y envíanos tu poesía para que sea leída por cientos de personas.</description>
	<lastBuildDate>Wed, 26 Oct 2011 21:28:05 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator>
		<item>
		<title>Super flumina Babylonis, de San Juan de la Cruz</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/super-flumina-babylonis-de-san-juan-de-la-cruz-2.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/super-flumina-babylonis-de-san-juan-de-la-cruz-2.html#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 17:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de san juan de la cruz]]></category>
		<category><![CDATA[poesia de san juan de cruz]]></category>
		<category><![CDATA[san juan de la cruz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3197</guid>
		<description><![CDATA[1. Encima de las corrientes que en Babilonia hallaba, allí me senté llorando, allí la tierra regaba, 5. acordándome de ti, ¡Oh Sión!, a quien amaba. Era dulce tu memoria, y con ella más lloraba. Dejé los trajes de fiesta, 10. los de trabajo tomaba, y colgué en los verdes sauces la música que llevaba, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>1. Encima de las corrientes<br />
que en Babilonia hallaba,<br />
allí me senté llorando,<br />
allí la tierra regaba,</p>
<p>5. acordándome de ti,<br />
¡Oh Sión!, a quien amaba.<br />
Era dulce tu memoria,<br />
y con ella más lloraba.<br />
Dejé los trajes de fiesta,</p>
<p>10. los de trabajo tomaba,<br />
y colgué en los verdes sauces<br />
la música que llevaba,<br />
poniéndola en esperanza<br />
de aquello que en ti esperaba.</p>
<p><span id="more-3197"></span></p>
<p>15. Allí me hirió el amor,<br />
y el corazón me sacaba.<br />
Díjele que me matase,<br />
pues de tal suerte llagaba;<br />
yo me metía en su fuego,</p>
<p>20. sabiendo que me abrasaba,<br />
disculpando al avecica<br />
que en el fuego se acababa.<br />
Estábame en mí muriendo,<br />
y en ti sólo respiraba,</p>
<p>25. en mí por ti me moría,<br />
y por ti resucitaba,<br />
que la memoria de ti<br />
daba vida y la quitaba.<br />
Gozábanse los extraños</p>
<p>30. entre quien cautivo estaba;<br />
preguntábanme cantares<br />
de lo que en Sión cantaba:<br />
­Canta de Sión un himno,<br />
veamos cómo sonaba.</p>
<p>35. ­Decid, ¿cómo en tierra ajena<br />
donde por Sión lloraba,<br />
cantaré yo la alegría<br />
que en Sión se me quedaba?<br />
Echaríala en olvido</p>
<p>40. si en la ajena me gozaba.<br />
Con mi paladar se junte<br />
la lengua con que hablaba,<br />
si de ti yo me olvidare,<br />
en la tierra do moraba.</p>
<p>45. ¡Sión, por los verdes ramos<br />
que Babilonia me daba,<br />
de mí se olvide mi diestra,<br />
que es lo que en ti más amaba,<br />
si de ti no me acordare,</p>
<p>50. en lo que más me gozaba,<br />
y si yo tuviere fiesta<br />
y sin ti la festejaba!<br />
¡Oh hija de Babilonia,<br />
mísera y desventurada!</p>
<p>55. Bienaventurado era<br />
aquél en quien confiaba,<br />
que te ha de dar el castigo<br />
que de tu mano llevaba,<br />
y juntará sus pequeños,</p>
<p>60. y a mí, porque en ti lloraba,<br />
a la piedra, que era Cristo,<br />
por el cual yo te dejaba.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/super-flumina-babylonis-de-san-juan-de-la-cruz-2.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Noche oscura, de San Juan de la Cruz</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/noche-oscura-de-san-juan-de-la-cruz-2.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/noche-oscura-de-san-juan-de-la-cruz-2.html#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 17:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de san juan de la cruz]]></category>
		<category><![CDATA[poesia de san juan de cruz]]></category>
		<category><![CDATA[san juan de la cruz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3195</guid>
		<description><![CDATA[Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual. 1. En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada estando ya mi casa sosegada. 2. A oscuras y segura, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.</p>
<p>1. En una noche oscura,<br />
con ansias, en amores inflamada<br />
¡oh dichosa ventura!,<br />
salí sin ser notada<br />
estando ya mi casa sosegada.</p>
<p>2. A oscuras y segura,<br />
por la secreta escala disfrazada,<br />
¡Oh dichosa ventura!,<br />
a oscuras y en celada,<br />
estando ya mi casa sosegada.</p>
<p><span id="more-3195"></span></p>
<p>3. En la noche dichosa<br />
en secreto, que nadie me veía,<br />
ni yo miraba cosa,<br />
sin otra luz y guía<br />
sino la que en el corazón ardía.</p>
<p>4. Aquésta me guiaba<br />
más cierto que la luz del mediodía,<br />
adonde me esperaba<br />
quien yo bien me sabía,<br />
en parte donde nadie parecía.</p>
<p>5. ¡Oh noche que guiaste!<br />
¡Oh noche amable más que el alborada!<br />
¡Oh noche que juntaste<br />
Amado con amada,<br />
amada en el Amado transformada!</p>
<p>6. En mi pecho florido<br />
que entero para él sólo se guardaba,<br />
allí quedó dormido,<br />
y yo le regalaba,<br />
y el ventalle de cedros aire daba</p>
<p>7. El aire de la almena,<br />
cuando yo sus cabellos esparcía,<br />
con su mano serena<br />
en mi cuello hería<br />
y todos mis sentidos suspendía.</p>
<p>8. Quedéme y olvidéme,<br />
el rostro recliné sobre el Amado,<br />
cesó todo y dejéme,<br />
dejando mi cuidado<br />
entre las azucenas olvidado.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/noche-oscura-de-san-juan-de-la-cruz-2.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Glosa a lo divino, de San Juan de la Cruz</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/glosa-a-lo-divino-de-san-juan-de-la-cruz-2.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/glosa-a-lo-divino-de-san-juan-de-la-cruz-2.html#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 17:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de san juan de la cruz]]></category>
		<category><![CDATA[poesia de san juan de cruz]]></category>
		<category><![CDATA[san juan de la cruz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3190</guid>
		<description><![CDATA[Por toda la hermosura nunca yo me perderé, sino por un no sé qué que se alcanza por ventura. 1. Sabor de bien que es finito, lo más que puede llegar es cansar el apetito y estragar el paladar; y así, por toda dulzura nunca yo me perderé, sino por un no sé qué que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por toda la hermosura<br />
nunca yo me perderé,<br />
sino por un no sé qué<br />
que se alcanza por ventura.</p>
<p>1. Sabor de bien que es finito,<br />
lo más que puede llegar<br />
es cansar el apetito<br />
y estragar el paladar;<br />
y así, por toda dulzura<br />
nunca yo me perderé,<br />
sino por un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p><span id="more-3190"></span></p>
<p>2. El corazón generoso<br />
nunca cura de parar<br />
donde se puede pasar,<br />
sino en más dificultoso;<br />
nada le causa hartura,<br />
y sube tanto su fe,<br />
que gusta de un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>3. El que de amor adolece,<br />
del divino ser tocado,<br />
tiene el gusto tan trocado<br />
que a los gustos desfallece;<br />
como el que con calentura<br />
fastidia el manjar que ve,<br />
y apetece un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>4. No os maravilléis de aquesto<br />
que el gusto se quede tal,<br />
porque es la causa del mal<br />
ajena de todo el resto;<br />
y así toda criatura<br />
enajenada se ve<br />
y gusta de un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>5. Que estando la voluntad<br />
de Divinidad tocada,<br />
no puede quedar pagada<br />
sino con Divinidad;<br />
mas, por ser tal su hermosura<br />
que sólo se ve por fe,<br />
gústala en un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>6. Pues, de tal enamorado,<br />
decidme si habréis dolor,<br />
pues que no tiene sabor<br />
entre todo lo criado;<br />
solo, sin forma y figura,<br />
sin hallar arrimo y pie,<br />
gustando allá un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>7. No penséis que el interior,<br />
que es de mucha más valía,<br />
halla gozo y alegría<br />
en lo que acá da sabor;<br />
mas sobre toda hermosura,<br />
y lo que es y será y fue,<br />
gusta de allá un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>8. Más emplea su cuidado,<br />
quien se quiere aventajar.<br />
en lo que está por ganar<br />
que en lo que tiene ganado;<br />
y así, para más altura,<br />
yo siempre me inclinaré<br />
sobre todo a un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
<p>9. Por lo que por el sentido<br />
puede acá comprehenderse<br />
y todo lo que entenderse,<br />
aunque sea muy subido,<br />
ni por gracia y hermosura<br />
yo nunca me perderé,<br />
sino por un no sé qué<br />
que se halla por ventura.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/glosa-a-lo-divino-de-san-juan-de-la-cruz-2.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación, de San Juan de la Cruz</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/coplas-hechas-sobre-un-extasis-de-harta-contemplacion-de-san-juan-de-la-cruz-2.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/coplas-hechas-sobre-un-extasis-de-harta-contemplacion-de-san-juan-de-la-cruz-2.html#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 13 Feb 2010 17:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de san juan de la cruz]]></category>
		<category><![CDATA[poesia de san juan de cruz]]></category>
		<category><![CDATA[san juan de la cruz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3188</guid>
		<description><![CDATA[Entréme donde no supe: y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. 1. Yo no supe dónde estaba, pero, cuando allí me vi, sin saber dónde me estaba, grandes cosas entendí; no diré lo que sentí, que me quedé no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. 2. De paz y de piedad era la ciencia perfecta, en profunda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entréme donde no supe: y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo.</p>
<p>1. Yo no supe dónde estaba,<br />
pero, cuando allí me vi,<br />
sin saber dónde me estaba,<br />
grandes cosas entendí;<br />
no diré lo que sentí,<br />
que me quedé no sabiendo,<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
<p>2. De paz y de piedad<br />
era la ciencia perfecta,<br />
en profunda soledad<br />
entendida, vía recta;<br />
era cosa tan secreta,<br />
que me quedé balbuciendo,<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
<p><span id="more-3188"></span></p>
<p>3. Estaba tan embebido,<br />
tan absorto y ajenado,<br />
que se quedó mi sentido<br />
de todo sentir privado,<br />
y el espíritu dotado<br />
de un entender no entendiendo.<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
<p>4. El que allí llega de vero<br />
de sí mismo desfallece;<br />
cuanto sabía primero<br />
mucho bajo le parece,<br />
y Su ciencia tanto crece,<br />
que se queda no sabiendo,<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
<p>5. Cuanto más alto se sube,<br />
tanto menos se entendía,<br />
que es la tenebrosa nube<br />
que a la noche esclarecía:<br />
por eso quien la sabía<br />
queda siempre no sabiendo,<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
<p>6. Este saber no sabiendo<br />
es de tan alto poder,<br />
que los sabios arguyendo<br />
jamás le pueden vencer;<br />
que no llega su saber<br />
a no entender entendiendo,<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
<p>7. Y es de tan alta excelencia<br />
aqueste sumo saber,<br />
que no hay facultad ni ciencia<br />
que la puedan emprender;<br />
quien se supiere vencer<br />
con un no saber sabiendo,<br />
irá siempre trascendiendo.</p>
<p>8. Y, si lo queréis oír,<br />
consiste esta suma ciencia<br />
en un subido sentir<br />
de la divinal esencia;<br />
es obra de su clemencia<br />
hacer quedar no entendiendo,<br />
toda ciencia trascendiendo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/coplas-hechas-sobre-un-extasis-de-harta-contemplacion-de-san-juan-de-la-cruz-2.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/cantico-espiritual-de-san-juan-de-la-cruz-2.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/cantico-espiritual-de-san-juan-de-la-cruz-2.html#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 17:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de san juan de la cruz]]></category>
		<category><![CDATA[poesia de san juan de cruz]]></category>
		<category><![CDATA[san juan de la cruz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3185</guid>
		<description><![CDATA[Canciones entre el alma y el Esposo Esposa 1. ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido. 2. Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero: si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Canciones entre el alma y el Esposo</p>
<p>Esposa</p>
<p>1. ¿Adónde te escondiste,<br />
Amado, y me dejaste con gemido?<br />
Como el ciervo huiste,<br />
habiéndome herido;<br />
salí tras ti clamando, y eras ido.</p>
<p>2. Pastores, los que fuerdes<br />
allá por las majadas al otero:<br />
si por ventura vierdes<br />
aquel que yo más quiero,<br />
decidle que adolezco, peno y muero.</p>
<p><span id="more-3185"></span></p>
<p>3. Buscando mis amores,<br />
iré por esos montes y riberas;<br />
ni cogeré las flores,<br />
ni temeré las fieras,<br />
y pasaré los fuertes y fronteras.</p>
<p>Pregunta a las criaturas</p>
<p>4. ¡Oh bosques y espesuras,<br />
plantadas por la mano del Amado!<br />
¡Oh prado de verduras,<br />
de flores esmaltado!<br />
Decid si por vosotros ha pasado.</p>
<p>Respuesta de las criaturas</p>
<p>5. Mil gracias derramando<br />
pasó por estos Sotos con presura,<br />
e, yéndolos mirando,<br />
con sola su figura<br />
vestidos los dejó de hermosura.</p>
<p>Esposa</p>
<p>6. ¡Ay, quién podrá sanarme!<br />
Acaba de entregarte ya de vero:<br />
no quieras enviarme<br />
de hoy más ya mensajero,<br />
que no saben decirme lo que quiero.</p>
<p>7. Y todos cuantos vagan<br />
de ti me van mil gracias refiriendo,<br />
y todos más me llagan,<br />
y déjame muriendo<br />
un no sé qué que quedan balbuciendo.</p>
<p>8. Mas ¿cómo perseveras,<br />
¡oh vida!, no viviendo donde vives,<br />
y haciendo porque mueras<br />
las flechas que recibes<br />
de lo que del Amado en ti concibes?</p>
<p>9. ¿Por qué, pues has llagado<br />
aqueste corazón, no le sanaste?<br />
Y, pues me le has robado,<br />
¿por qué así le dejaste,<br />
y no tomas el robo que robaste?</p>
<p>10. Apaga mis enojos,<br />
pues que ninguno basta a deshacellos,<br />
y véante mis ojos,<br />
pues eres lumbre dellos,<br />
y sólo para ti quiero tenellos.</p>
<p>11. ¡Oh cristalina fuente,<br />
si en esos tus semblantes plateados<br />
formases de repente<br />
los ojos deseados<br />
que tengo en mis entrañas dibujados!</p>
<p>12. ¡Apártalos, Amado,<br />
que voy de vuelo!</p>
<p>El Esposo</p>
<p>Vuélvete, paloma,<br />
que el ciervo vulnerado<br />
por el otero asoma<br />
al aire de tu vuelo, y fresco toma.</p>
<p>La Esposa</p>
<p>13. Mi Amado, las montañas,<br />
los valles solitarios nemorosos,<br />
las ínsulas extrañas,<br />
los ríos sonorosos,<br />
el silbo de los aires amorosos,</p>
<p>14. la noche sosegada<br />
en par de los levantes del aurora,<br />
la música callada,<br />
la soledad sonora,<br />
la cena que recrea y enamora.</p>
<p>15. Nuestro lecho florido,<br />
de cuevas de leones enlazado,<br />
en púrpura tendido,<br />
de paz edificado,<br />
de mil escudos de oro coronado.</p>
<p>16. A zaga de tu huella<br />
las jóvenes discurren al camino,<br />
al toque de centella,<br />
al adobado vino,<br />
emisiones de bálsamo divino.</p>
<p>17. En la interior bodega<br />
de mi Amado bebí, y cuando salía<br />
por toda aquesta vega,<br />
ya cosa no sabía;<br />
y el ganado perdí que antes seguía.</p>
<p>18. Allí me dio su pecho,<br />
allí me enseñó ciencia muy sabrosa;<br />
y yo le di de hecho<br />
a mí, sin dejar cosa:<br />
allí le prometí de ser su Esposa.</p>
<p>19. Mi alma se ha empleado,<br />
y todo mi caudal en su servicio;<br />
ya no guardo ganado,<br />
ni ya tengo otro oficio,<br />
que ya sólo en amar es mi ejercicio.</p>
<p>20. Pues ya si en el ejido<br />
de hoy más no fuere vista ni hallada,<br />
diréis que me he perdido;<br />
que, andando enamorada,<br />
me hice perdidiza, y fui ganada.</p>
<p>21. De flores y esmeraldas,<br />
en las frescas mañanas escogidas,<br />
haremos las guirnaldas<br />
en tu amor florecidas<br />
y en un cabello mío entretejidas.</p>
<p>22. En solo aquel cabello<br />
que en mi cuello volar consideraste,<br />
mirástele en mi cuello,<br />
y en él preso quedaste,<br />
y en uno de mis ojos te llagaste.</p>
<p>23. Cuando tú me mirabas<br />
su gracia en mí tus ojos imprimían;<br />
por eso me adamabas,<br />
y en eso merecían<br />
los míos adorar lo<br />
que en ti vían.</p>
<p>24. No quieras despreciarme,<br />
que, si color moreno en mi hallaste,<br />
ya bien puedes mirarme<br />
después que me miraste,<br />
que gracia y hermosura en mi dejaste.</p>
<p>25. Cogednos las raposas,<br />
que está ya florecida nuestra viña,<br />
en tanto que de rosas<br />
hacemos una piña,<br />
y no parezca nadie en la montiña.</p>
<p>26. Detente, cierzo muerto;<br />
ven, austro, que recuerdas los amores,<br />
aspira por mi huerto,<br />
y corran sus olores,<br />
y pacerá el Amado entre las flores.</p>
<p>Esposo</p>
<p>27. Entrado se ha la esposa<br />
en el ameno huerto deseado,<br />
y a su sabor reposa,<br />
el cuello reclinado<br />
sobre los dulces brazos del Amado.</p>
<p>28. Debajo del manzano,<br />
allí conmigo fuiste desposada.<br />
allí te di la mano,<br />
y fuiste reparada<br />
donde tu madre fuera violada.</p>
<p>29. A las aves ligeras,<br />
leones, ciervos, gamos saltadores,<br />
montes, valles, riberas,<br />
aguas, aires, ardores<br />
y miedos de las noches veladores,</p>
<p>30. Por las amenas liras<br />
y canto de serenas os conjuro<br />
que cesen vuestras iras,<br />
y no toquéis al muro,<br />
porque la esposa duerma más seguro.</p>
<p>Esposa</p>
<p>31. Oh ninfas de Judea!,<br />
en tanto que en las flores y rosales<br />
el ámbar perfumea,<br />
morá en los arrabales,<br />
y no queráis tocar nuestros umbrales</p>
<p>32. Escóndete, Carillo,<br />
y mira con tu haz a las montañas,<br />
y no quieras decillo;<br />
mas mira las compañas<br />
de la que va por ínsulas extrañas</p>
<p>Esposo</p>
<p>33. La blanca palomita<br />
al arca con el ramo se ha tornado<br />
y ya la tortolica<br />
al socio deseado<br />
en las riberas verdes ha hallado.</p>
<p>34. En soledad vivía,<br />
y en soledad ha puesto ya su nido,<br />
y en soledad la guía<br />
a solas su querido,<br />
también en soledad de amor herido.</p>
<p>Esposa</p>
<p>35. Gocémonos, Amado,<br />
y vámonos a ver en tu hermosura<br />
al monte ó al collado<br />
do mana el agua pura;<br />
entremos más adentro en la espesura.</p>
<p>36. Y luego a las subidas<br />
cavernas de la piedra nos iremos,<br />
que están bien escondidas,<br />
y allí nos entraremos,<br />
y el mosto de granadas gustaremos</p>
<p>37. Allí me mostrarías<br />
aquello que mi alma pretendía,<br />
y luego me darías<br />
allí, tú, vida mía,<br />
aquello que me diste el otro día:</p>
<p>38. El aspirar del aire,<br />
el canto de la dulce Filomena,<br />
el soto y su donaire,<br />
en la noche serena,<br />
con llama que consume y no da pena</p>
<p>39. Que nadie lo miraba,<br />
Aminadab tampoco parecía,<br />
y el cerco sosegaba,<br />
y la caballería<br />
a vista de las aguas descendía.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/cantico-espiritual-de-san-juan-de-la-cruz-2.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por Fe, de San Juan de la Cruz</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/cantar-del-alma-que-se-huelga-de-conocer-a-dios-por-fe-de-san-juan-de-la-cruz-2.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/cantar-del-alma-que-se-huelga-de-conocer-a-dios-por-fe-de-san-juan-de-la-cruz-2.html#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 17:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de san juan de la cruz]]></category>
		<category><![CDATA[poesia de san juan de cruz]]></category>
		<category><![CDATA[san juan de la cruz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3183</guid>
		<description><![CDATA[Qué bien sé yo la fonte que mane y corre, aunque es de noche. 1. Aquella eterna fonte está escondida, que bien sé yo do tiene su manida, aunque es de noche. 2. Su origen no lo sé, pues no le tiene, mas sé que todo origen de ella tiene, aunque es de noche. 3. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Qué bien sé yo la fonte que mane y corre,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>1. Aquella eterna fonte está escondida,<br />
que bien sé yo do tiene su manida,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>2. Su origen no lo sé, pues no le tiene,<br />
mas sé que todo origen de ella tiene,<br />
aunque es de noche.</p>
<p><span id="more-3183"></span></p>
<p>3. Sé que no puede ser cosa tan bella,<br />
y que cielos y tierra beben de ella,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>4. Bien sé que suelo en ella no se halla,<br />
y que ninguno puede vadealla,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>5. Su claridad nunca es oscurecida,<br />
y sé que toda luz de ella es venida,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>6. Sé ser tan caudalosos sus corrientes.<br />
que infiernos, cielos riegan y las gentes,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>7. El corriente que nace de esta fuente<br />
bien sé que es tan capaz y omnipotente,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>8. El corriente que de estas dos procede<br />
sé que ninguna de ellas le precede,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>9. Aquesta eterna fonte está escondida<br />
en este vivo pan por darnos vida,<br />
aunque es de noche.</p>
<p>10. Aquí se está llamando a las criaturas,<br />
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras<br />
porque es de noche.</p>
<p>11. Aquesta viva fuente que deseo,<br />
en este pan de vida yo la veo,<br />
aunque es de noche.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/cantar-del-alma-que-se-huelga-de-conocer-a-dios-por-fe-de-san-juan-de-la-cruz-2.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Cartas literarias a una mujer: Carta IV&#8221;, de Bécquer</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-iv-de-becquer.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-iv-de-becquer.html#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 10 Feb 2010 17:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesías]]></category>
		<category><![CDATA[gustavo adolfo becquer]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de becquer]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3181</guid>
		<description><![CDATA[El amor es poesía; la religión es amor. Dos cosas semejantes a una tercera son iguales entre sí. He aquí un axioma que debía ahorrarme el trabajo de escribir una nueva carta. Sin embargo, yo mismo conozco que esta conclusión matemática, que en efecto lo parece, así puede ser una verdad como un sofisma. La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El amor es poesía; la religión es amor.<br />
Dos cosas semejantes a una<br />
tercera son iguales entre sí.</p>
<p>He aquí un axioma que debía ahorrarme el<br />
trabajo de escribir una nueva carta.<br />
Sin embargo, yo mismo conozco que esta<br />
conclusión matemática, que en efecto lo parece,<br />
así puede ser una verdad como un sofisma.</p>
<p>La lógica sabe fraguar razonamientos inatacables<br />
que, a pesar de todo, no convencen.<br />
¡Con tanta facilidad se sacan deducciones<br />
precisas de una base falsa!</p>
<p><span id="more-3181"></span></p>
<p>En cambio, la convicción íntima suele persuadir,<br />
aunque en el método del raciocinio reine el mayor<br />
desorden. ¡Tan irresistible es el acento de la fe!</p>
<p>La religión es amor y, porque es amor, es poesía.</p>
<p>He aquí el tema que me he propuesto desenvolver hoy.</p>
<p>Al tratar un asunto tan grande en tan corto espacio<br />
y con tan escasa ciencia como la de que yo dispongo,<br />
sólo me anima una esperanza. Si para persuadir<br />
basta creer, yo siento lo que escribo.</p>
<p>Hace ya mucho tiempo -yo no te conocía y con<br />
esto excuso el decir que aún no había amado-,<br />
sentí en mi interior un fenómeno inexplicable.<br />
Sentí, no diré un vacío, porque sobre ser vulgar,<br />
no es ésta la frase propia; sentí en mi alma y en<br />
todo mi ser como una plenitud de vida, como un<br />
desbordamiento de actividad moral que, no<br />
encontrando objeto en qué emplearse, se elevaba<br />
en forma de ensueños y fantasías, ensueños y<br />
fantasías en los cuales buscaba en vano la expansión,<br />
estando como estaban dentro de mí mismo.</p>
<p>Tapa y coloca al fuego un vaso con un líquido<br />
cualquiera. El vapor, con un ronco hervidero,<br />
se desprende del fondo, y sube, y pugna por salir,<br />
y vuelve a caer deshecho en menudas gotas, y<br />
torna a elevarse, y torna a deshacerse, hasta que<br />
al cabo estalla comprimido y quiebra la cárcel que lo<br />
detiene. Éste es el secreto de la muerte prematura y<br />
misteriosa de algunas mujeres y de algunos poetas,<br />
arpas que se rompen sin que nadie haya arrancado<br />
una melodía de sus cuerdas de oro. Ésta es la<br />
verdad de la situación de mi espíritu, cuando<br />
aconteció lo que voy a referirte.</p>
<p>Estaba en Toledo, la ciudad sombría y melancólica<br />
por excelencia. Allí cada lugar recuerda una historia,<br />
cada piedra un siglo, cada monumento una civilización;<br />
historias, siglos y civilizaciones que han pasado y<br />
cuyos actores tal vez son ahora el polvo oscuro<br />
que arrastra el viento en remolinos, al silbar en sus<br />
estrechas y tortuosas calles. Sin embargo, por un<br />
contraste maravilloso, allí donde todo parece muerto,<br />
donde no se ven más que ruinas, donde sólo se<br />
tropieza con rotas columnas y destrozados capiteles,<br />
mudos sarcasmos de la loca aspiración del hombre a<br />
perpetuarse, diríase que el alma, sobrecogida de<br />
terror y sedienta de inmortalidad, busca algo eterno<br />
en donde refugiarse, y como el náufrago que se ase<br />
de una tabla, se tranquiliza al recordar su origen.</p>
<p>Un día entré en el antiguo convento de San Juan<br />
de los Reyes. Me senté en una de las piedras de su<br />
ruinoso claustro y me puse a dibujar. El cuadro que<br />
se ofrecía a mis ojos era magnífico. Largas hileras de<br />
pilares que sustentan una bóveda cruzada de mil<br />
y mil crestones caprichosos; anchas ojivas caladas,<br />
como los encajes de un rostrillo; ricos doseletes de<br />
granito con caireles de yedra que suben por entre<br />
las labores, como afrentando a las naturales;<br />
ligeras creaciones del cincel que parecen han de<br />
agitarse al soplo del viento; estatuas vestidas de<br />
luengos paños que flotan, como al andar; caprichos<br />
fantásticos, gnomos, hipogrifos, dragones y reptiles<br />
sin número que ya asoman por cima de un capitel,<br />
ya corren por las cornisas, se enroscan en las<br />
columnas, o trepan babeando por el tronco de las<br />
guirnaldas de trébol; galerías que se prolongan y<br />
que se pierden, árboles que inclinan sus ramas sobre<br />
una fuente, flores risueñas, pájaros bulliciosos<br />
formando contraste con las tristes ruinas y las<br />
calladas naves, y por último, el cielo, un pedazo<br />
de cielo azul que se ve más allá de las crestas de<br />
pizarra de los miradores a través de los calados<br />
de un rosetón.</p>
<p>En tu álbum tienes mi dibujo; una reproducción<br />
pálida, imperfecta, ligerísima, de aquel lugar, pero<br />
que no obstante puede darte una idea de su<br />
melancólica hermosura. No ensayaré, pues,<br />
describírtela con palabras, inútiles tantas veces.</p>
<p>Sentado, como te dije, en una de las rotas piedras,<br />
trabajé en él toda la mañana, torné a emprender<br />
mi tarea a la tarde, y permanecí absorto en mi<br />
ocupación hasta que comenzó a faltar la luz.<br />
Entonces, dejando a un lado el lápiz y la cartera,<br />
tendí una mirada por el fondo de las solitarias<br />
galerías y me abandoné a mis pensamientos.</p>
<p>El sol había desaparecido. Sólo turbaban el alto<br />
silencio de aquellas ruinas el monótono rumor del<br />
agua de la fuente, el trémulo murmullo del viento<br />
que suspiraba en los claustros, y el temeroso y<br />
confuso rumor de las hojas de los árboles que<br />
parecían hablar entre sí en voz baja.</p>
<p>Mis deseos comenzaron a hervir y a levantarse<br />
en vapor de fantasías.<br />
Busqué a mi lado una mujer, una persona a<br />
quien comunicar mis sensaciones. Estaba solo.<br />
Entonces me acordé de esta verdad que había<br />
leído en no sé qué autor:<br />
«La soledad es muy hermosa&#8230; cuando se tiene<br />
junto a alguien a quien decírselo».</p>
<p>No había aún concluido de repetir esta frase<br />
célebre, cuando me pareció ver levantarse a mi<br />
lado y de entre las sombras una figura ideal,<br />
cubierta con una túnica flotante y ceñida la frente<br />
de una aureola. Era una de las estatuas del<br />
claustro derruido, una escultura que, arrancada<br />
de su pedestal y arrimada al muro en que me había<br />
recostado, yacía allí, cubierta de polvo y medio<br />
escondida entre el follaje, junto a la rota losa de un<br />
sepulcro y el capitel de una columna. Más allá, a lo<br />
lejos y veladas por las penumbras y la oscuridad de<br />
las extensas bóvedas, se distinguían confusa me<br />
pareció ver levantarse a mi lado y de entre las<br />
sombras una figura ideal, cubierta con una túnica<br />
flotante y ceñida la frente de una aureola.</p>
<p>He aquí, exclamé, un mundo de piedra: fantasmas<br />
inanimados de otros seres que han existido y cuya<br />
memoria legó a las épocas venideras un siglo de<br />
entusiasmo y de fe. Vírgenes solitarias, austeros<br />
cenobitas, mártires esforzados que, como yo,<br />
vivieron sin amores ni placeres; que, como yo,<br />
arrastraron una existencia oscura y miserable,<br />
solos con sus pensamientos y el ardiente corazón<br />
inerte bajo el sayal, como un cadáver en su<br />
sepulcro. Volví a fijarme en aquellas facciones<br />
angulosas y expresivas; volví a examinar aquellas<br />
figuras secas, altas, espirituales y serenas, y<br />
proseguí diciendo: «¿Es posible que hayáis vivido<br />
sin pasiones, ni temor, ni esperanzas, ni deseos?<br />
¿Quién ha recogido las emanaciones de amor que,<br />
como un aroma, se desprenderían de vuestras almas?<br />
¿Quién ha saciado la sed de ternura que abrasaría<br />
vuestros pechos en la juventud? ¿Qué espacios sin<br />
límites se abrieron a los ojos de vuestros espíritus,<br />
ávidos de inmensidad, al despertarse al<br />
sentimiento&#8230;?» La noche había cerrado poco<br />
a poco. A la dudosa claridad del crepúsculo había<br />
sustituido una luz tibia y azul; la luz de la luna que,<br />
velada un instante por los oscuros chapiteles de la<br />
torre, bañó en aquel momento con un rayo plateado<br />
los pilares de la desierta galería.</p>
<p>Entonces reparé que todas aquellas figuras, cuyas<br />
largas sombras se proyectaban en los muros y en el<br />
pavimento, cuyas flotantes ropas parecían moverse,<br />
en cuyas demacradas facciones brillaba una expresión<br />
de indescriptible, santo y sereno gozo, tenían sus<br />
pupilas sin luz, vueltas al cielo, como si el escultor<br />
quisiera semejar que sus miradas<br />
se perdían en el infinito buscando a Dios.</p>
<p>A Dios, foco eterno y ardiente de hermosura,<br />
al que se vuelve con los ojos, como a un polo<br />
de amor, el sentimiento de la tierra.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-iv-de-becquer.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Cartas literarias a una mujer: Carta III&#8221;, de Bécquer</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-iii-de-becquer.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-iii-de-becquer.html#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 17:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[gustavo adolfo becquer]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de becquer]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3179</guid>
		<description><![CDATA[¿Qué es el amor? A pesar del tiempo transcurrido creo que debes acordarte de lo que te voy a referir. La fecha en que aconteció, aunque no la consigne la Historia, será siempre una fecha memorable para nosotros. Nuestro conocimiento sólo databa de algunos meses; era verano y nos hallábamos en Cádiz. El rigor de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué es el amor?<br />
A pesar del tiempo transcurrido creo que debes<br />
acordarte de lo que te voy a referir.<br />
La fecha en que aconteció, aunque no la<br />
consigne la Historia, será siempre<br />
una fecha memorable para nosotros.</p>
<p>Nuestro conocimiento sólo databa de algunos meses;<br />
era verano y nos hallábamos en Cádiz.<br />
El rigor de la estación no nos permitía pasear sino<br />
al amanecer o durante la noche.<br />
Un día&#8230;, digo mal, no día aún: la dudosa claridad<br />
del crepúsculo de la mañana teñía de un vago azul<br />
el cielo, la luna se desvanecía en el ocaso, envuelta<br />
en una bruma violada, y lejos, muy lejos, en la<br />
distante lontananza del mar, las nubes se coloraban<br />
de amarillo y rojo, cuando la brisa, precursora de la<br />
luz, levantándose del Océano, fresca e impregnada<br />
en el marino perfume de las olas, acarició, al pasar,<br />
nuestras frentes.</p>
<p><span id="more-3179"></span></p>
<p>La Naturaleza comenzaba entonces a salir de su<br />
letargo con un sordo murmullo. Todo a nuestro<br />
alrededor estaba en suspenso y como aguardando<br />
una señal misteriosa para prorrumpir en el gigante<br />
himno de alegría de la creación que despierta.</p>
<p>Nosotros, desde lo alto de la fortísima muralla que<br />
ciñe y defiende la ciudad, y a cuyos pies se rompen<br />
las olas con un gemido, contemplábamos con avidez<br />
el solemne espectáculo que se ofrecía a nuestros<br />
ojos. Los dos guardábamos un silencio profundo,<br />
y, no obstante, los dos pensábamos una misma cosa.</p>
<p>Tú formulaste mi pensamiento al decirme:</p>
<p>¿Qué es el sol?</p>
<p>En aquel momento, el astro, cuyo disco comenzaba a chispear en el límite del horizonte, rompió el seno de<br />
los mares. Sus rayos se tendieron rapidísimos sobre<br />
su inmensa llanura; el cielo, las aguas y la tierra se<br />
inundaron de claridad, y todo resplandeció como si<br />
un océano de luz se hubiese volcado sobre el mundo.</p>
<p>En las crestas de las olas, en los ribetes de las<br />
nubes, en los muros de la ciudad, en el vapor<br />
de la mañana, sobre nuestras cabezas, a nuestros<br />
pies, en todas partes, ardía la pura lumbre del<br />
astro y flotaba una atmósfera luminosa y<br />
transparente, en la que nadaban encendidos<br />
los átomos del aire.</p>
<p>Tus palabras resonaban aún en mi oído.-</p>
<p>¿Qué es el sol? me habías preguntado.</p>
<p>-Eso -respondí, señalándote su disco, que<br />
volteaba oscuro y franjado de fuego en mitad de<br />
aquella diáfana atmósfera de oro; y tu pupila y tu<br />
alma se llenaron de luz, y en la indescriptible<br />
expresión de tu rostro conocí que lo habías<br />
comprendido.</p>
<p>Yo ignoraba la definición científica con que pude<br />
responder a tu pregunta; pero, de todos modos,<br />
en aquel instante solemne estoy seguro de que<br />
no te hubiera satisfecho.</p>
<p>¡Definiciones! Sobre nada se han dado tantas<br />
como sobre las cosas indefinibles. La razón es<br />
muy sencilla: ninguna de ellas satisface,<br />
ninguna es exacta, por lo cual cada cual se cree<br />
con derecho para formular la suya.</p>
<p>¿Qué es el amor?<br />
Con esa frase concluí mi carta de ayer, y con ella<br />
he comenzado la de hoy. Nada me sería más fácil<br />
que resolver, con el apoyo de una autoridad esta<br />
cuestión que yo mismo me propuse al decirte que<br />
es la fuente del sentimiento. Llenos están los libros<br />
de definiciones sobre este punto. Las hay en griego<br />
y en árabe, en chino y en latín, en copto y en ruso&#8230;<br />
¿qué sé yo?, en todas las lenguas, muertas o vivas,<br />
sabias o ignorantes, que se conocen. Yo he leído<br />
algunas y me he hecho traducir otras. Después de<br />
conocerlas casi todas, he puesto la mano sobre mi<br />
corazón, he consultado mis sentimientos y no he<br />
podido menos de repetir con Hamlet:<br />
¡Palabras, palabras, palabras!</p>
<p>Por eso he creído más oportuno recordarte<br />
una escena pasada que tiene alguna analogía<br />
con nuestra situación presente, y decirte ahora<br />
como entonces:</p>
<p>-¿Quieres saber lo que es el amor?<br />
Recógete dentro de ti misma, y si es verdad lo<br />
que abrigas en tu alma, siéntelo y lo comprenderás,<br />
pero no me lo preguntes.</p>
<p>Yo sólo te podré decir que él es la suprema ley del<br />
universo; ley misteriosa por la que todo se gobierna<br />
y rige, desde el átomo inanimado hasta la criatura<br />
racional; que de él parte y a él convergen, como<br />
a un centro de irresistible atracción, todas nuestras<br />
ideas y acciones; que está, aunque oculto, en el<br />
fondo de toda cosa y efecto de una primera causa:<br />
Dios es, a su vez, origen de esos mil pensamientos<br />
desconocidos, que todos ellos son poesía verdadera<br />
y espontánea que la mujer no sabe formular, pero<br />
que siente y comprende mejor que nosotros.</p>
<p>Sí. Que poesía es, y no otra cosa, esa aspiración<br />
melancólica y vaga que agita tu espíritu con el<br />
deseo de una perfección imposible.</p>
<p>Poesía, esas lágrimas involuntarias que tiemblan<br />
un instante en tus párpados, se desprenden en<br />
silencio, ruedan y se evaporan como un perfume.</p>
<p>Poesía, el gozo improviso que ilumina tus<br />
facciones con una sonrisa suave, y cuya oculta<br />
causa ignoras dónde está.</p>
<p>Poesía son, por último, todos esos fenómenos<br />
inexplicables que modifican el alma de la mujer<br />
cuando despierta al sentimiento y la pasión.</p>
<p>¡Dulces palabras que brotáis del corazón,<br />
asomáis al labio y morís sin resonar apenas,<br />
mientras que el rubor enciende las mejillas!<br />
¡Murmullos extraños de la noche, que imitáis<br />
los pasos del amante que se espera!<br />
¡Gemidos del viento, que fingís una voz querida<br />
que nos llama entre las sombras!<br />
¡Imágenes confusas, que pasáis cantando una<br />
canción sin ritmo ni palabras, que sólo percibe<br />
y entiende el espíritu! ¡Febriles exaltaciones de<br />
la pasión, que dais colores y formas a las ideas<br />
más abstractas! ¡Presentimientos incomprensibles,<br />
que ilumináis como un relámpago nuestro porvenir!<br />
¡Espacios sin límites, que os abrís ante los ojos del<br />
alma, ávida de inmensidad, y la arrastráis a vuestro<br />
seno, y la saciáis de infinito! ¡Sonrisas, lágrimas,<br />
suspiros y deseos, que formáis el misterioso<br />
cortejo del amor! ¡Vosotros sois la poesía, la<br />
verdadera poesía que puede encontrar un eco,<br />
producir una sensación o despertar una idea!</p>
<p>Y todo este tesoro inagotable de sentimiento,<br />
todo este animado poema de esperanzas y de<br />
abnegaciones, de sueños y de tristezas, de alegrías<br />
y lágrimas, donde cada sensación es una estrofa,<br />
y cada pasión, un canto, todo está contenido<br />
en vuestro corazón de mujer.</p>
<p>Un escritor francés ha dicho, juzgando a un músico<br />
ya célebre, el autor de Tannhauser: Es un hombre<br />
de talento, que hace todo lo posible por disimularlo,<br />
pero que a veces no lo puede conseguir y, a su<br />
pesar, lo demuestra.</p>
<p>Respecto a la poesía de vuestras almas,<br />
puede decirse lo mismo.</p>
<p>Pero, ¡qué!,<br />
¿frunces el ceño y arrojas la carta?&#8230;<br />
¡Bah! No te incomodes&#8230;<br />
Sabes de una vez y para siempre que, tal como<br />
os manifestáis, yo creo, y conmigo lo creen todos,<br />
que las mujeres son la poesía del mundo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-iii-de-becquer.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Cartas literarias a una mujer: Carta II&#8221;, de Bécquer</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-ii-de-becquer.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-ii-de-becquer.html#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 17:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesías]]></category>
		<category><![CDATA[gustavo adolfo becquer]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de becquer]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3177</guid>
		<description><![CDATA[En mi anterior te dije que la poesía eras tú, porque tú eres la más bella personificación del sentimiento, y el verdadero espíritu de la poesía de otro. A propósito de esto, la palabra amor se deslizó en mi pluma en uno de los párrafos de mi carta. De aquel párrafo hice el último. Nada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En mi anterior te dije que la poesía eras tú,<br />
porque tú eres la más bella personificación<br />
del sentimiento, y el verdadero espíritu de la<br />
poesía de otro.<br />
A propósito de esto, la palabra amor se deslizó<br />
en mi pluma en uno de los párrafos de mi carta.</p>
<p>De aquel párrafo hice el último.<br />
Nada más natural. Voy a decirte el porqué.<br />
Existe una preocupación bastante generalizada,<br />
aun entre las personas que se dedican a dar<br />
formas a lo que piensan, que, a mi modo de ver,<br />
es, sin parecerlo, una de las mayores.</p>
<p><span id="more-3177"></span></p>
<p>Si hemos de dar crédito a los que de ella participan,<br />
es una verdad tan innegable que se puede elevar<br />
a la categoría de axioma el que nunca se vierte<br />
la idea con tanta vida y precisión como en el momento<br />
en que ésta se levanta semejante a un gas<br />
desprendido y enardece la fantasía y hace vibrar<br />
todas las fibrassensibles, cual si las tocase<br />
alguna chispa eléctrica.</p>
<p>Yo no niego que suceda así.<br />
Yo no niego nada;<br />
pero, por lo que a mí toca, puedo asegurarte<br />
que cuando siento no escribo.<br />
Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro<br />
misterioso, las impresiones que han dejado en él<br />
su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la<br />
sensación duermen allí agrupadas en el fondo de<br />
mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo,<br />
sereno y revestido, por decirlo así, de un poder<br />
sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas<br />
transparentes, que bullen con un zumbido extraño,<br />
y cruzan otra vez por mis ojos como en una<br />
visión luminosa y magnífica.</p>
<p>Entonces no siento ya con los nervios que se agitan,<br />
con el pecho que se oprime, con la parte orgánica<br />
natural que se conmueve al rudo choque de las<br />
sensaciones producidas por la pasión y los afectos;<br />
siento, sí, pero de una manera que puede llamarse<br />
artificial; escribo como el que copia de una página<br />
ya escrita; dibujo como el pintor que reproduce<br />
el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde<br />
entre la bruma de los horizontes.</p>
<p>Todo el mundo siente.<br />
Sólo a algunos seres les es dado el guardar como<br />
un tesoro la memoria viva de lo que han sentido.<br />
Yo creo que éstos son los poetas.<br />
Es más: creo que únicamente por esto lo son.</p>
<p>Efectivamente, es más grande, es más hermoso,<br />
figurarse el genio ebrio de sensaciones y de<br />
inspiración, trazando a grandes rasgos, temblorosa<br />
la mano con la ira, llenos aún los ojos de lágrimas<br />
o profundamente conmovidos por la piedad esas<br />
tiradas de poesía que más tarde son la admiración<br />
del mundo; pero, ¿qué quieres?, no siempre<br />
la verdad es lo más sublime.</p>
<p>¿Te acuerdas?<br />
No hace mucho que te lo dije<br />
a propósito de una cuestión parecida.</p>
<p>Cuando un poeta te pinte en magníficos<br />
versos su amor, duda.<br />
Cuando te lo dé a conocer en prosa, y mala, cree.</p>
<p>Hay una parte mecánica, pequeña y material en<br />
todas las obras del hombre, que la primitiva,<br />
la verdadera inspiración desdeña en sus ardientes<br />
momentos de arrebato.</p>
<p>Sin saber cómo, me he distraído del asunto.<br />
Como quiera que lo he hecho para darte una<br />
satisfacción, espero que tu amor propio sabrá<br />
disculparme. ¿Qué mejor intermedio que éste<br />
para con una mujer?</p>
<p>No te enojes.<br />
Es uno de los muchos puntos de contacto que<br />
tenéis con los poetas, o que éstos tienen<br />
con vosotras.</p>
<p>Sé, porque lo sé, aun cuando tú no me lo has dicho,<br />
que te quejas de mí, porque al hablar del amor detuve<br />
mi pluma y terminé mi primera carta como enojado<br />
de la tarea.</p>
<p>Sin duda, ¿a qué negarlo?,<br />
pensaste que esta fecunda idea se esterilizó<br />
en mi mente por falta de sentimiento.<br />
Ya te he demostrado tu error.</p>
<p>Al estamparla, un mundo de ideas confusas<br />
y sin nombre se elevaron en tropel en mi cerebro<br />
y pasaron volteando alrededor de mi frente, como<br />
una fantástica ronda de visiones quiméricas.<br />
Un vértigo nubló mis ojos.</p>
<p>¡Escribir! ¡Oh!<br />
Si yo pudiera haber escrito entonces,<br />
no me cambiaría por el primer poeta del mundo.</p>
<p>Mas&#8230; entonces lo pensé y ahora lo digo.<br />
Si yo siento lo que siento, para hacer lo que hago,<br />
¿qué gigante océano de luz y de inspiración<br />
no se agitaría en la mente de esos hombres<br />
que han escrito lo que a todos nos admira?</p>
<p>Si tú supieras cómo las ideas más grandes se<br />
empequeñecen al encerrarse en el círculo de hierro<br />
la palabra; si tú supieras qué diáfanas, qué ligeras,<br />
qué impalpables son las gasas de oro que trotan<br />
en la imaginación al envolver esas misteriosas<br />
figuras que crea y de las que sólo acertamos<br />
a reproducir el descarnado esqueleto; si tú<br />
supieras cuán imperceptible es el hilo de luz<br />
que ata entre sí los pensamientos más<br />
absurdos que nadan en el caos:<br />
si tú supieras&#8230;<br />
Pero, ¿qué digo?<br />
Tú lo sabes, tú debes saberlo.</p>
<p>¿No has soñado nunca?<br />
Al despertar, ¿te ha sido alguna vez posible referir,<br />
con toda su inexplicable vaguedad y poesía,<br />
lo que has soñado?</p>
<p>El espíritu tiene una manera de sentir<br />
y comprender especial, misteriosa, porque<br />
él es un arcano; inmensa, porque él es infinito;<br />
divina, porque su esencia es santa.</p>
<p>¿Cómo la palabra, cómo un idioma grosero y mezquino,<br />
insuficiente a veces para expresar las necesidades de la<br />
materia, podrá servir de digno intérprete entre dos almas?</p>
<p>Imposible.</p>
<p>Sin embargo, yo procuraré apuntar, como de pasada,<br />
algunas de las mil ideas que me agitaron durante<br />
aquel sueño magnífico, en que vi al amor,<br />
envolviendo a la Humanidad como en un fluido<br />
de fuego, pasar de un siglo en otro, sosteniendo<br />
la incomprensible atracción de los espíritus,<br />
atracción semejante a la de los astros, y<br />
revelándose al mundo exterior por medio de la<br />
poesía, único idioma que acierta a balbucear<br />
algunas de las frases de su inmenso poema.</p>
<p>Pero, ¿lo ves?<br />
Ya quizá ni tú me entiendes ni yo sé lo que me digo.<br />
Hablemos como se habla.<br />
Procedamos con orden.<br />
¡El orden! ¡Lo detesto,<br />
y, sin embargo, es tan preciso para todo!&#8230;</p>
<p>La poesía es el sentimiento;<br />
pero el sentimiento no es más que un efecto,<br />
y todos los efectos proceden de una causa<br />
más o menos conocida.<br />
¿Cuál lo será?<br />
¿Cuál podrá serlo de este divino arranque de<br />
entusiasmo, de esta vaga y melancólica aspiración<br />
del alma, que se traduce al lenguaje de los hombres<br />
por medio de sus más suaves armonías sino el amor?</p>
<p>Sí; el amor es el manantial perenne de toda poesía,<br />
el origen fecundo de todo lo grande,<br />
el principio eterno de todo lo bello;<br />
y digo el amor porque la religión,<br />
nuestra religión sobre todo,<br />
es un de todo lo grande,<br />
el principio eterno de todo lo bello;<br />
y digo el amor porque la religión,<br />
nuestra religión<br />
sobre todo, es un amor también,<br />
es el amor más puro, más hermoso,<br />
el único infinito que se conoce,<br />
y sólo a estos dos astros<br />
de la inteligencia</p>
<p>El amor es la causa del sentimiento;<br />
pero&#8230; ¿qué es el amor?<br />
Ya lo ves:<br />
el espacio me falta, el asunto es grande,<br />
y&#8230; ¿te sonríes?&#8230;<br />
¿Crees que voy a darte una excusa fútil para<br />
interrumpir mi carta en este sitio?</p>
<p>No; ya no recurriré a los fenómenos del mío para<br />
disculparme de no hablar del amor.<br />
Te lo confesaré ingenuamente: tengo miedo.</p>
<p>Algunos días, sólo algunos, y te lo juro,<br />
te hablaré del amor,<br />
a riesgo de escribir un millón de disparates.</p>
<p>-¿Por qué tiemblas? -dirás sin duda-.<br />
¿No hablan de él a cada paso gentes<br />
que ni aún lo conocen?<br />
¿Por qué no has de hablar tú, tú que dices<br />
que lo sientes?</p>
<p>¡Ay! Acaso por lo mismo que ignoran lo que es,<br />
se atreven a definirlo.</p>
<p>¿Vuelves a sonreírte?&#8230;<br />
Créeme: la vida está llena de estos absurdos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-ii-de-becquer.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Cartas literarias a una mujer: Carta I&#8221;, de Bécquer</title>
		<link>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-i-de-becquer.html</link>
		<comments>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-i-de-becquer.html#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 17:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ferrando Castro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poema]]></category>
		<category><![CDATA[gustavo adolfo becquer]]></category>
		<category><![CDATA[poemas de becquer]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://poesias.leergratis.com/?p=3174</guid>
		<description><![CDATA[En una ocasión me preguntaste: -¿Qué es la poesía? ¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella. -¿Qué es la poesía? -me dijiste. Yo, que no soy muy fuerte en esto de las definicioneste respondí titubeando: -La poesía es&#8230;, es&#8230; Sin concluir la frase, buscaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En una ocasión me preguntaste:<br />
-¿Qué es la poesía?</p>
<p>¿Te acuerdas?<br />
No sé a qué propósito había yo hablado<br />
algunos momentos antes de mi pasión por ella.</p>
<p>-¿Qué es la poesía? -me dijiste.</p>
<p>Yo, que no soy muy fuerte en esto de las<br />
definicioneste respondí titubeando:</p>
<p>-La poesía es&#8230;, es&#8230;</p>
<p>Sin concluir la frase, buscaba inútilmente<br />
en mi memoria un término de<br />
comparación, que no acertaba a encontrar.</p>
<p><span id="more-3174"></span></p>
<p>Tú habías adelantado un poco la cabeza<br />
para escuchar mejor mis palabras;<br />
los negros rizos de tus cabellos,<br />
esos cabellos que tan bien sabes dejar<br />
a su antojo sombrear tu frente, con un<br />
abandono tan artístico, pendían<br />
de tu sien y bajaban rozando tu mejilla<br />
hasta descansar en tu seno; en<br />
tus pupilas húmedas y azules como<br />
el cielo de la noche brillaba un punto<br />
de luz, y tus labios se entreabrían<br />
ligeramente al impulso de una<br />
respiración perfumada y suave.</p>
<p>Mis ojos, que, a efecto sin duda de<br />
la turbación que experimentaba,<br />
habían errado un instante sin fijarse<br />
en ningún sitio, se volvieron<br />
entonces instintivamente hacia los tuyos,<br />
y exclamé, al fin:</p>
<p>-¡La poesía&#8230;, la poesía eres tú!</p>
<p>¿Te acuerdas? Yo aún tengo presente<br />
el gracioso ceño de curiosidad<br />
burlada, el acento mezclado de pasión<br />
y amargura con que me dijiste:</p>
<p>-¿Crees que mi pregunta sólo es hija<br />
de una vana curiosidad de mujer?<br />
Te equivocas.<br />
Yo deseo saber lo que es la poesía,<br />
porque deseo pensar lo que tú piensas,<br />
hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú<br />
sientes; penetrar, por último, en ese misterioso<br />
santuario en donde a veces se refugia tu alma<br />
y cuyo umbral no puede traspasar la mía.</p>
<p>Cuando llegaba a este punto se<br />
interrumpió nuestro diálogo.<br />
Ya sabes por qué.<br />
Algunos días han transcurrido.<br />
Ni tú ni yo lo hemos vuelto a renovar, y, sin<br />
embargo, por mi parte no he dejado de pensar en él.<br />
Tú creíste, sin duda, que la frase con<br />
que contesté a tu extraña<br />
interrogación equivalía a una evasiva galante.</p>
<p>¿Por qué no hablar con franqueza?<br />
En aquel momento di aquella definición porque<br />
la sentí, sin saber siquiera si decía un disparate.<br />
Después lo he pensado mejor,<br />
y no dudo al repetirlo; la poesía eres tú.<br />
¿Te sonríes?<br />
Tanto peor para los dos.<br />
Tu incredulidad nos va a costar:<br />
a ti, el trabajo de leer un libro,<br />
y a mí, el de componerlo.</p>
<p>¡Un libro! -exclamas,palideciendo y<br />
dejando escapar de tus manos esta carta-.<br />
No te asustes.<br />
Tú lo sabes bien: un libro mío no puede ser muy largo.<br />
Erudito, sospecho que tampoco.<br />
Insulso, tal vez; mas para ti, escribiéndolo yo,<br />
presumo que no lo será, y para ti lo escribo.</p>
<p>Sobre la poesía no ha dicha nada casi ningún poeta;<br />
pero, en cambio, hay bastante papel emborronado<br />
por muchos que no lo son.</p>
<p>El que la siente se apodera de una idea, la envuelve<br />
en una forma, la arroja en el estudio del saber, y pasa.<br />
Los críticos se lanzan entonces sobre esa forma,<br />
la examinan, la disecan y creen haberla entendido<br />
cuando han hecho su análisis.</p>
<p>La disección podrá revelar el mecanismo del<br />
cuerpo humano; pero los fenómenos del alma,<br />
el secreto de la vida,<br />
¿cómo se estudian en un cadáver?</p>
<p>No obstante, sobre la poesía se han dado reglas,<br />
se han atestado infinidad de volúmenes, se enseña<br />
en las universidades, se discute en<br />
los círculos literarios y se explica en los ateneos.</p>
<p>No te extrañes. Un sabio alemán ha tenido la<br />
humorada de reducir a notas y encerrar en las<br />
cinco líneas de una pauta el misterioso lenguaje<br />
de los ruiseñores. Yo, si he de decir la verdad,<br />
todavía ignoro qué es lo que voy a hacer;<br />
así es que no puedo anunciártelo anticipadamente.</p>
<p>Sólo te diré, para tranquilizarte, que no te inundaré<br />
en ese diluvio de términos que pudiéramos llamar<br />
facultativos, ni te citaré autores que no conozco,<br />
ni sentencias en idiomas que ninguno<br />
de los dos entendemos.</p>
<p>Antes de ahora te lo he dicho.<br />
Yo nada sé, nada he estudiado;<br />
he leído un poco, he sentido bastante<br />
y he pensado mucho, aunque no acertaré<br />
a decir si bien o mal. Como sólo de lo que he<br />
sentido y he pensado he de hablarte, te bastará<br />
sentir y pensar para comprenderme.</p>
<p>Herejías históricas, filosóficas y literarias,<br />
presiento que voy a decirte muchas. No importa.<br />
Yo no pretendo enseñar a nadie, ni erigirme en<br />
autoridad, ni hacer que mi libro se me declare de texto.</p>
<p>Quiero hablarte un poco de literatura, siquiera<br />
no sea más que por satisfacer un capricho tuyo,<br />
quiero decirte lo que sé de una manera<br />
intuitiva, comunicarte mi opinión y tener al menos<br />
el gusto de saber que, si nos equivocamos,<br />
nos equivocamos los dos; lo cual, dicho sea<br />
de paso, para nosotros equivale a acertar.</p>
<p>La poesía eres tú, te he dicho,<br />
porque la poesía es el sentimiento,<br />
y el sentimiento es la mujer.</p>
<p>La poesía eres tú,<br />
porque esa vaga aspiración a lo bello<br />
que la caracteriza, y que es una facultad de la<br />
inteligencia en el hombre, en<br />
ti pudiera decirse que es un instinto.</p>
<p>La poesía eres tú,<br />
porque el sentimiento, que en<br />
nosotros es un fenómeno accidental<br />
y pasa como una ráfaga de aire,<br />
se halla tan íntimamente unido<br />
a tu organización especial que<br />
constituye una parte de ti misma.</p>
<p>Ultimamente la poesía eres tú,<br />
porque tú eres el foco de<br />
donde parten sus rayos.</p>
<p>El genio verdadero tiene<br />
algunos atributos extraordinarios, que Balzac<br />
llama femeninos, y que, efectivamente, lo son.<br />
En la escala de la inteligencia del poeta<br />
hay notas que pertenecen a la de la mujer, y<br />
éstas son las que expresan la ternura, la pasión<br />
y el sentimiento. Yo no sé por qué los poetas<br />
y las mujeres no se entienden mejor entre sí. Su<br />
manera de sentir tiene tantos puntos de contacto&#8230;<br />
Quizá por eso&#8230;<br />
Pero dejemos digresiones y volvamos al asunto.</p>
<p>Decíamos ¡Ah, sí, hablábamos de la poesía!</p>
<p>La poesía es en el hombre una cualidad puramente<br />
del espíritu; reside en su alma,<br />
vive con la vida incorpórea de la idea,<br />
y para revelarla necesita darle una forma.<br />
Por eso la escribe. En la mujer, sin embargo,<br />
la poesía está como encarnada en su ser;<br />
su aspiración, sus presentimientos, sus pasiones<br />
y Destino son poesía: vive, respira, se mueve<br />
en una indefinible atmósfera de idealismo<br />
que se desprende de ella, como un fluido<br />
luminoso y magnético; es, en una palabra,<br />
el verbo poético hecho carne.</p>
<p>Sin embargo, a la mujer se la acusa vulgarmente de<br />
prosaísmo. No es extraño; en la mujer es poesía<br />
casi todo lo que piensa, pero muy poco de lo que habla.<br />
La razón, yo la adivino, y tú la sabes. Quizá cuanto<br />
te he dicho lo habrás encontrado confuso y vago.<br />
Tampoco debe maravillarte.<br />
La poesía es al saber de la Humanidad<br />
lo que el amor a las otras pasiones.<br />
El amor es un misterio.<br />
Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable;<br />
todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.</p>
<p>La ambición, la envidia, la avaricia, todas las demás<br />
pasiones, tienen su explicación y aun su objeto,<br />
menos la que fecundiza el sentimiento y lo alimenta.</p>
<p>Yo, sin embargo, la comprendo; la comprendo por<br />
medio de una revelación intensa, confusa e inexplicable.</p>
<p>Deja esta carta, cierra tus ojos al mundo exterior que te<br />
rodea, vuélvelos a tu alma, presta atención a los<br />
confusos rumores que se elevan de ella, y acaso la<br />
comprenderás como yo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://poesias.leergratis.com/cartas-literarias-a-una-mujer-carta-i-de-becquer.html/feed</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
