Poesías

Como en los viejos tiempos

Por , en 18 de junio de 2011

“A un ser muy especial que tuvo que dejar este mundo”.

Como en antaño. . .
Ya no podré mirarme en tus tranquilos ríos,
ni mi corriente ha de seguir tu cauce
en ese fluir magnifico de lecho y vida. . .
Entre tus tempestades y mis amaneceres
colmados de gozo, será inevitable recordarte
evocando tu mirada serena y a veces displicente,
la versión que guardo de ti, ahora es muy distinta,
se ha renovado con festejos de regodeo y de llanto.

Fue un verdadero regalo recibirte;
ver como desplegabas toda tu ternura en mi,
arrodillado, pedias amor y dabas,
dabas sin recibir,
era magnífico sentir tu corazón pulsar
enumero una y mil posibilidades
en las que acogí tu devoción.

Contigo, tuve la voluntad de tocar el cielo,
sentía tu mirada sobre mi corazón
me adivinabas , rompías mi soledad
y en mi torpeza suponía que me extrañabas.

Mas, se que no habrá ya caricias mutuas;
ni orgasmos compartidos como copas de vino
que chocaran entre si frenéticas,
como clamando causas,
mis pensamientos residirán contigo
en esta sobriedad o en mi extravío
en mis desencantos y zozobras,
la luz de tu presencia, inundara mi ruta , mi travesía.

No mas estrellas que mirar en la noche
como promesas de aventuras inéditas, ¡grandiosas!,
En mi llorar profundo y de entrega exclusiva,
aquel puente conmovido por tu espacio y tu esfuerzo
tu extrema lucidez de hoy y siempre,
la dulce manera que tuviste en tu tono,
la voz amorosa que ocupaste al nombrarme . . .

Tu espíritu docente, tu caminar didáctico,
y que digo de nuestro deferir,
las miles acepciones que inventaste
para decirme amor,
incluyendo las 1947 veces
que te asomaste a mi alma.
No ha de tornar el viaje de ida y vuelta
ni tendré la opción de tu obligada despedida
anegada de amor y de señales,
te quedarás asido a mi, ante la imposibilidad
de llevarte aquí, a mi lado, adivinando tu gesto, tu calor, tu risa.

Asumo que tal vez debí recoger con mis labios
una a una, de las palabras dichas,
en aquel éxtasis supremo de amor desprevenido,
que nos dejó saberes disidentes,
caricias a granel, contactos a menudo,
pues bien sé, que no regateaste tu amor
al confrontarlo con el mío.

Te siento todavía en esas extenuantes noches
en las riveras de mi acontecer,
en mis eternas horas anhelantes de tiempo
de mi decrepitar interno.

En el estertor de odios moribundos,
mi ser clama tu aroma,
te evoca desde la aurora
que tímidamente se improvisa,
invitando a la entrega de este amor
por mucho tiempo contenido.

Porque, ahora que te has ido;
he descifrado al fin ese guarismo eternizado,
he deshilado sueños y he develado mitos,
en lo sucesivo; caminare por el mundo
desentrañando indicios y descubriendo ocasos,
en definitiva, estoy como al principio
recordándote desesperadamente
y, tratando de evocarte en cada instante . . .

En mi lecho de muerte, en mi extremaunción,
repasaré paso a paso tu amor en abundancia
en aquellas primicias en besos y reyertas
recorreré sueños de vagabundeo constante.

Trasnochados viajes , intempestivos derroteros
diálogo eterno de almas exaltadas, errantes
sin importar la fecha ni la hora,
en mi fatiga yerta y mi pulsar extremo
te veré venir, celebrando tu estancia
sintiendo poco a poco como se me se desgarra el alma.

Virginia

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