Con el Tiempo
Dócil tus manos cuan tallos silvestres de hierbas maduras;
Ardientes tus labios cuan cerezas maduras y frescas.
Tu mirada fue penetrante, tus ojos elocuentes,
tu Palabra seductora cuan Mujer Madura y Experimentada,
mas, no eras más que una niña,
una veinteañera hecha mujer de noche violenta
que buscó desquitarse con un incauto andariego.
Caminé delante de mi sombra
y de pronto la tuya se interpuso;
de pronto tu sombra quiso domarme
cuan jinete sobre potro ya viejo y cansado.
Tu sombra y silueta juveniles
despertaron mi virilidad casi olvidada,
casi cansada por mis años;
Tu Silueta, tu sombra, tu Cariñoso peso Juvenil
sacaron de mi Ser todo lo hermoso que aún tenía;
Tú, joven doncella nocturna y andariega,
en un arrebato de Juvenil belleza y decencia,
me entregaste tu Alma y tu Dulzura,
me entregaste todo lo que Eres
y lo uniste a todo lo que Soy.
Tú y Yo juntos, Tú y Yo unidos por un instante,
por un fugaz instante que se transforma
ahora en una chispa que siempre enciende mi fuego,
mi calor y mi ternura.
Desde lejos en el Tiempo, Gracias;
Desde mis recuerdos, Gracias;
Desde mi edad ya Madura,
Gracias por darme tu Toda
y encender y reavivar mi fuego
que creí ya Muerto.

