El bebé que no golpea

7 de Abril, 2008

Amor, solos tu y yo,
nadie más habita en nuestra morada.
Es tan grande nuestro amor
y tan pequeño lo que esperamos.
La semilla de la tierra húmeda crece
y en nosotros parece que todavía duerme.

Amor, nos queda el amor puro y divino,
mientras entristecen los ojos de la noche.
Lloras, lo sé, lloramos, náufragos del vientre.

Amor, no exasperes,
hay un tiempo en cada familia
en unos galopa y en otros camina,
aprovechemos pues nuestro amor eterno,
con pasión, con los brazos, con las manos,
con los besos, con nuestros íntimos cuerpos
que se alejan con el deseo hacia las almas,
más allá de la tierra y de las sombras,
mas allá del viento y de las nubes.

Amor, amémonos hasta la muerte,
esperemos mientras nos amamos
la luz del vientre materno
ante la sombra de nuestros ojos.

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