El misterio de Sherlock Holmes
Fuera llueve, la niebla oculta
las sombras que acechan la oscuridad
con su extensa blanquecina bruma
los crímenes que comete el Mal.
El viento fuerte arremete,
las gotas mojan la ventana.
Mala noche para perderse
si uno no lleva un arma.
Observando triste el cielo,
se ve un fantasma errante
inteligente y soltero
junto a su amigo inseparable.
¡Qué pensará este justiciero
al observar en las calles
cómo se roba el dinero
y huyen los asaltantes!
Presa del aburrimiento
de la prosaica existencia
no desaprovecha el momento
en el que utilizar su inteligencia.
Los casos más difíciles
son juegos de niños para él
y hasta lo que parece imposible
lo consigue resolver.
Su gran rival intentó eliminarle;
no pudo, fracasó.
En el fondo del mar su cadáver
reposa por malhechor.
Pero triste es la historia;
su amigo muerto le creyó
cuando al encontrar las notas
lloró por la muerte de Holmes.
Escribió las útimas palabras
con las que su amigo se despidió
y dejó la pluma apartada
diciéndole al mundo literario adiós.
Tres años después de esto
a su querido amigo encontró
disfrazado de viejo librero.
Al verlo, le dió un vuelco el corazón.
Grandes amigos fueron,
estos dos londinenses
que vidas separadas vivieron
hasta que un día se conocieron por suerte.
Muchos dicen que existió,
otros que no fue real.
Difícil decisión
si uno se pone a pensar.
Tal vez por Londres
este hombre paseó
en las húmedas noches
llenas de maga ilusión.
Tal vez tuvo un amigo
que fuese doctor,
ayudante de su oficio
y que le tuviera admiración.
¡Quién sabe
qué es lo que realmente pasó!
Tal vez ayudó a los habitantes
de su gran ciudad en expansión
o simplemente fuese un personaje
de una novela de ficción.
Autor: Sebastián

