El Silencio que tanto odias (Alejandro Del Barba)

23 de Julio, 2008

Termino aquí en mi refugio tan vacío, regando
signos que no pueden expresar mi desgracia interior,
que surgen desde un dolor que no entiendo del todo,
se muestran irónicos con mis pasivos intentos de no
sufrir. Un filoso bloque de hielo me lastima la espalda,
nuevamente se congela el aire que respiro, una vez más
un llanto resuena en mi alma. Este frío grita fuerte y
desesperadamente:¡Te amo, me estoy muriendo porque
no puedo mostrarte mi horrendo mundo! Necesito
tu luz, pero hay algo muy poderoso que no te deja
emancipar de lo que tus ojos quieren ver…y mi
autismo, nada menos que un síntoma de lo triste que
es mi vida sin la constancia de tenerte. Mis palabras
están atrapadas con las cadenas de la desesperanza.

Ya no puedo conmigo mismo, para qué engañarte…
no me siento un hombre para vos, a pesar de todo
el amor que tengo para darte, de la sangre que trago
cada minuto que vivo. No hay forma de que entiendas
que te amo. Mi luto se desencadenó desde el momento
que supe lo poco que servía explicarte lo inexplicable.
Condenado por el paso del tiempo, cargando con posi-
bilidades irrealizables por culpa de un capricho desco-
nocido y alimentado por el mismo maldito impulso
que me encierra en la lejanía de tu corazón ¡yo soy
esto que lees! No sé comunicarme tan precisamente
de otra forma. Hay muchas cosas que olvidé, pero
nunca de vos. Esta es mi disculpa por no tener palabras.
Te amo y te vuelvo a amar.
Ya no puedo más, pero ni las lágrimas quieren caer.
Si pudiera morir allá para darte aquello que necesitás
¡Pero soy muy débil! ¡Demasiado débil para no recordar
tu ausencia! ¡Me volví aislado y frío como el aire de esta noche!
¡ Me entierro junto al invierno en esta jaula:
una melancolía eterna! Estar lejos me regaló imposibi-
lidades de ser demostrativo. Te extraño y sufro cada vez.
Quizás te arruiné la vida con tantas fantasías, pero nunca
JAMAS te mentí cuando te dije: TE AMO.
Todas las situaciones que vivimos nos demostraron que
ya no te hago bien sino terriblemente mal, y eso me con-
vierte en un miserable para el mundo entero.
No lo voy a discutir, pero no es del todo verdadero. Yo
sigo sintiendo amor y dolor aunque no lo veas, te necesito
aunque no lo veas, te extraño aunque no lo veas y me
odio a mi mismo por verte infeliz, aunque no lo creas.
¡O me devolves tu corazón o aceptás el mío! O somos
cada uno por su cuenta, lejanos a nuestro afecto. Sin
embargo, yo te amo tanto que me muero por dentro sin
poder llorar…


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