Fotos antiguas
Transfiero las ensoñaciones incandescentes, a la oscuridad de los pensamientos pesimistas, ubicados en las incrustaciones de una locura transitoria; delineándose en el óleo matutino de un artista antiguo; adivino a contemplar la obra de sus talentosas manos, sonriendo a las sombras que transitan cercanas a la naturaleza. El no sabe que estoy aquí, cerca, a su lado; no lo sabe porque soy invisible. Y contemplo su ropaje antiguo; los hombres parecen damiselas; con el cabello largo y esos pantaloncitos esponjados de rayitas; las manguitas de sus camisas, abombadas y un chalequín, para concluir. ¡Basta! No divagaré más… Continuo; el caballero despliega su arte, dibujando una obra exquisita, asemejando una foto; ¡Total éxito! En aquel tiempo la fotografía no existía, y el plasma con su excelso arte las facciones de individuos concurrentes en una celebración agreste y ferial. Capta , también el paisaje compuesto por árboles frutales, animales de granja y caballos. Acelero y me detengo en el tiempo me extasío con el lento Flash de esta foto antigua; modelada con pincel, acuarela y talento innato.
Recreo la mirada; observando también las delicias culinarias, que degustan algunas personas que presurosas han comprado a los vendedores de la verde feria. Algunos niños juegan con juguetes elaborados con madera y las muñecas de las niñas son de trapo, aunque en sus casas reposan las muñecas más preciadas; las preciosas muñecas de vidrio, tan delicadas que sólo reposan en un sitial de extremo cuidado.
El evento ferial es oriundo de las clases populares; por ende no veo elegantes carruajes; ni elegantes vestuarios, sólo el del pintor, que aparentemente, disfruta el plasmar costumbres de la plebe como espía cautivador. Más adelante mostrará su esplendidez a los aristócratas de sus amistades. El pintor sonríe y lo observo muy de cerca, casi puedo tocarlo, su espiritualidad irradia felicidad; examino el halo que lo envuelve y esta brilla por que refleja amor, aptitud y curiosidad. Su rubio cabello refleja el resplandeciente sol, pareciera que se desprendió alojándose sobre la cabeza del talentoso pintor…
Autor: Maritza Hernández

