Amanece, otra vez…
horizontes acribillados
por todo tipo de luces menores
como un antiguo cofre hallado en Tartesos
abierto al flagrante cielo.
El sol va mostrando su pulpa
como una grandiosa fruta flameada y vanidosa
y la vida rezuma por las heridas de la tierra,
poco a poco,
y la tierra a su vez
entierra las vidas que se cobra,
las engulle sin remedio,
poco a poco
mientras el resto baila al son
de los rayos
de cualquier cosa que les parezca adecuada…
el sol…
la luna…
la hostia consagrada de la catedral de Burgos
o la última guitarra para diestros
con el clavijero hacia arriba
que Hendrix colgó de la aguja espacial.
Una alondra encaramada en la clave de sol
descifra notas con campanilla y triángulo para el alba ensangrentada.
Los Dioses de mimbre ordenan mandatos
a los Héroes del mundo
para que los cumplan por ellos.
Dioses cobardes de mimbre trenzado,
Héroes de barro húmedo todavía.
Queda aún demasiado barro
para fabricar más Héroes
queda aún más hierro
para hacer más cuchillos
queda aún más calor
para hervir más sangre
y madera para mangos de pico y pala
para enterrarnos a todos.
Lo que no queda es
MUCHO
sentido.

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