NO SE DETIENEN LOS HECHOS
Noche, de estrellas radiantes
Estoy aquí, dime penumbra y sombra,
entre estas hojas maduras,
Tímida memoria escondida.
No se detiene la luna entre las nubes
Ni el agua del río en cada madrugada
No se detiene el ave en el cielo,
en su abierto y libre vuelo.
No se detiene el invierno, detrás de cada verano
Ni el verano detrás de cada invierno
Ni la lluvia en vertical acecho
Ni el Sol con rayos potentes sobre mi tierra.
No se detienen mis pensamientos
En esta enmarañada cárcel de mi cerebro,
pariendo cada letra con mortal sentimiento.
Heme aquí, en esta noche, con luces radiantes,
le pregunto a las sombras de mi Memoria
que tímida asoma entre un bosque de hojas maduras.
Este bosque denso de mi vida,
en cada hoja de ilusión vivida,
tímida mi alma, Con heridas mortales,
se levanta como el crepúsculo rojizo de lilas amaneceres.
Y aun con dolores y sangre de rojas piedras de río,
se levanta pequeña como llama débil,
pero en fortaleza y caliente de fuego encendida.
Encendida llamita,
alimentándose de amaneceres radiantes y noches serenas.
Entre cada palabra, entre cada letra, serenos mis ojos,
descansan mis huesos,
Tranquilos minutos, tejiendo mis horas,
haciendo mis días, con bordados de esperanza.
No se detiene la aurora en cada amanecer,
No se detiene el Sol en cada día que vivo,
No se detiene la noche con sus oscuros colores,
ni sus cantos de grillos.
No se detienen mis letras,
ni la lluvia en el tiempo,
No se detiene el color de la rosa,
ni las alas que vuelan,
No se detiene la ola en el mar,
ni la arena candente del desierto,
Ni el saltamontes en los campos,
ni el trigo dorado,
ni el pétalo cerrado,
ni los ojos que lloran.
No se detiene el amor,
ni los puñales de la traición.
No se detiene la vida,
no se detiene la muerte.
No se detendrá mi puño,
ni mi mente engendrada de letras,
formando frases,
como un embrión en el vientre de su madre.
Y dado el momento, igual nacerá,
cuando se fortalezca y sea el tiempo,
nacerá el hijo de una madre,
igual nacerán mis letras,
hijo del amor eterno que hay en mi alma,
rota y sangrante, pero viva,
viva en cada luz de estrellas,
viva en cada rayo de luna que me abraza,
viva aun entre estos penumbras recuerdos,
viva como una llama de fuego que arde y que quema…
Quema mis huesos y mi espíritu guerrero,
que lucha con mortal riesgo,
en cada momento de vida concedida,
es cada batalla de bravos encuentros.
Este escrito ha nacido así,
como un parto prematuro,
con dolores intensos que me mataron el sueño
y en total desvelo, cogi mi lápiz
y sencillamente fue guiado por mi corazón,
cada palpito fue una letra,
cada letra un palpitar, un brinco en mi pecho,
formo cada palabra.. …
Heme aquí, mujer de carne y hueso,
mujer, mujer, haciendo el amor con cada frase,
Entrega total del alma desnuda,
éxtasis, pasión y orgasmo,
completan mi acto de sublime entrega.
Heme aquí mujer de huesos firmes y ojos serenos,
mis labios repiten cada palabra,
como una oración al cielo,
cada una es un beso,
un beso inmortal en el viento,
una caricia eterna en el firmamento.
Mis noches, aliadas, oscuras, callada,
murmulla conmigo en el espacio infinito,
murmulla conmigo palabras de amor,
que alcancen el cosmos,
que atraviesen planetas y estrellas
y que se queden vivas y eternas en mi memoria
y en mi tumba cuando muera.
Patricia Ochomogo Reyes
12/09/07
Cerca del día, al final de la noche
(Medianoche)
Autor: Patricia Ochomogo Reyes

