Ostracismo

11 de Febrero, 2008


En tanto que hoy, despierto
y vislumbro aún el gameto nocturno
dispersando las amalgamas del sueño.
La luz comienza su recorrer de espadachín famélico
mientras que bajo la puerta se desliza,
apoyado en mil pechos, el periódico.

Entonces veo por todos lados crecimiento:
en el consonante estremecer de las sábanas,
en la horizontalidad de mi cama matemática,
en la dispersión infinita del pájaro destruyendo el nido,
en la consumación nupcial de mis pupilas solares,
en el rechazo de un baúl cargado con ropas muertas,
en la afición visceral de una guitarra encallada,
y en la evocación distribuida de pequeños rostros
que se amotinan dando tumbos en el obituario.

Escucho todos aquellos lamentos mientras
tomo el periódico y le arranco un pedazo
con un fugaz golpe de rosas.
Leo haciendo grandes pausas, y en mi boca
se arremolinan palabras que masco
hasta fundirlas en una sola espuma oceánica.

El pulso de mi cuello disfraza con matiz de acorde
toda un masa cognitiva en ebullición
bajo la palma de una pesadilla.
Las cercanas explosiones parietales me indican
que llega el momento de detener toda una evolución
de pestañas y párpados abiertos en plan de primavera.
Es momento de volver los brazos convexos y dejar
Comer a las sábanas otra vez de mi estómago.

La disparidad entre especies de distantes estrellas,
la cabalgata dudosa de un buque de reciente bautizo,
conspiradores aves en los cúmulos de todos mis anhelos,
una punta de amapola creciendo en los retazos de un último sol,
germen de crecimiento onírico: capataz del sueño,
hermandad musical perteneciente a todos los idiomas.
Todo como un encabezado en las manos de un editor disléxico,
apoderado todo él de una masa informe, de dos ojos en ostracismo:
los dos conocedores, sabedores de la noche y de las tumbas.

Artículos relacionados

  • No hay articulos relacionados

Deje un comentario