Tus besos con sabor a Opio me enterraron.
Me dijeron que eras Amapola;
y yo vi a un duende en mis manos riendo
a estas historias.
¿Qué podía yo hacer?
No me quise ocultar de tus ojos;
ellos me dieron sombras interesantes.
Fui aprendiz de tus mentiras
¡Esclavo de esta falacia!
Y de la desconfianza reviví
¡Como una raza muerta!
De la desesperación que me creaban tus ironías
aprendí muchas cosas.
Eras tu esa luna que la tapan las nubes
en las noches lluviosas.
¡Y las quise a esas nubes!
Porque el hombre se estrega a lo oculto
porque es lo que enciende sus pecados
de curiosidad.
Tus besos con sabor a hiel destruyeron
mil versos que tenía para todos.
Pero no estaba solo.
Me enamoré de tus calvarios.

Añadir a Del.Icio.Us


Comentarios de “Pecados de curiosidad”
Aun no se han realizado comentarios.