La miro partir, alejarse cabizbaja. Siento enormes deseos de correr a
abrazarla tan fuerte
que ya jamás se pudiera separar de mí.
Desde la primera vez
que la vi, supe que este momento llegaría.
Debí medirme más,
debí reservar algo de mí para cuando ella ya no estuviera,
pero he sido tan tonta.
Me duele el cuerpo entero
henchido de amor.
Me arde la piel, me quema
su ausencia. De pronto
me veo tan sola
y tan dolorida.
Es demasiado para mi.
Con su partida se lleva
mi vida hecha pedazos,
envuelta en algún calcetín.
En la oscuridad de mi pieza,
mis dedos perciben la
llave de mi salida.
Qué bien se siente
la delgadez de la navaja,
el filo acabándose sobre mi.
Ya no hay más gotas del mar en mis ojos, ahora el dolor brota tibio, casi ardiente desde mi interior y ese
espacio lo llena la calma.
Ya se va… y yo he encontrado mi consuelo en este dulce “no-despertar-más”
Autor: Ferggi Altés

Añadir a Del.Icio.Us

