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Poesia de amor

La sentencia del Justo, de Sor Juana Inés de la Cruz

Por Marcelo Ferrando Castro, en 18 de Julio de 2009

Firma Pilatos la que juzga ajena
Sentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!
¿Quién creerá que firmando ajena muerte
el mismo juez en ella se condena?

La ambición de sí tanto le enajena
Que con el vil temor ciego no advierte
Que carga sobre sí la infausta suerte,
Quien al Justo sentencia a injusta pena.

Jueces del mundo, detened la mano,
Aún no firméis, mirad si son violencias
Las que os pueden mover de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias,
Mirad no haga el Juez recto y soberano
Que en la ajena firméis vuestras sentencias
Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.

De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.

Amado dueño mío,
Escucha un rato mis cansadas quejas,
Pues del viento las fío,
Que breve las conduzca a tus orejas,
Si no se desvanece el triste acento
Como mis esperanzas en el viento.

Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.

Si del campo te agradas,
Goza de sus frescuras venturosas
Sin que aquestas cansadas
Lágrimas te detengan enfadosas;
Que en él verás, si atento te entretienes
Ejemplo de mis males y mis bienes.

Si al arroyo parlero
Ves, galán de las flores en el prado,
Que amante y lisonjero
A cuantas mira intima su cuidado,
En su corriente mi dolor te avisa
Que a costa de mi llanto tiene risa.

Si ves que triste llora
Su esperanza marchita, en ramo verde,
Tórtola gemidora,
En él y en ella mi dolor te acuerde,
Que imitan con verdor y con lamento,
Él mi esperanza y ella mi tormento.

Si la flor delicada,
Si la peña, que altiva no consiente
Del tiempo ser hollada,
Ambas me imitan, aunque variamente,
Ya con fragilidad, ya con dureza,
Mi dicha aquélla y ésta mi firmeza.

Si ves el ciervo herido
Que baja por el monte, acelerado
Buscando dolorido
Alivio del mal en un arroyo helado,
Y sediento al cristal se precipita,
No en el alivio en el dolor me imita,

Si la liebre encogida
Huye medrosa de los galgos fieros,
Y por salvar la vida
No deja estampa de los pies ligeros,
Tal mi esperanza en dudas y recelos
Se ve acosa de villanos celos.

Si ves el cielo claro,
Tal es la sencillez del alma mía;
Y si, de luz avaro,
De tinieblas emboza el claro día,
es con su oscuridad y su inclemencia,
imagen de mi vida en esta ausencia.

Así que, Fabio amado
Saber puede mis males sin costarte
La noticia cuidado,
Pues puedes de los campos informarte;
Y pues yo a todo mi dolor ajusto,
Saber mi pena sin dejar tu gusto.
Mas ¿cuándo ¡ay gloria mía!
Mereceré gozar tu luz serena?

¿cuándo llegará el día
que pongas dulce fin a tanta pena?
¿cuándo veré tus ojos, dulce encanto,
y de los míos quitarás el llanto?

¿Cuándo tu voz sonora
herirá mis oídos delicada,
y el alma que te adora,
de inundación de gozos anegada,
a recibirte con amante prisa
saldrá a los ojos desatada en risa?

¿Cuándo tu luz hermosa
revestirá de gloria mis sentidos?
¿y cuándo yo dichosa,
mis suspiros daré por bien perdidos,
teniendo en poco el precio de mi llanto?
Que tanto ha de penar quien goza tanto.

¿Cuándo de tu apacible
rostro alegre veré el semblante afable,
y aquel bien indecible
a toda humana pluma inexplicable?
Que mal se ceñirá a lo definido
Lo que no cabe en todo lo sentido.

Ven, pues, mi prenda amada,
Que ya fallece mi cansada vida
De esta ausencia pesada;
Ven, pues, que mientras tarda tu venida,
Aunque me cueste su verdor enojos,
Regaré mi esperanza con mis ojos.

Excusándose de un silencio en ocasión de
Un precepto para que le rompa

Pedirte, señora, quiero
De mi silencio perdón,
Si lo que ha sido atención,
Le hace parecer grosero.

Y no me podrás culpar
Si hasta aquí mi proceder,
Por ocuparse en querer
Se ha olvidado de explicar.

Que en mi amorosa pasión
No fue descuido ni mengua
Quitar el uso a la lengua
Por dárselo al corazón.

Ni de explicarme dejaba,
Que como la pasión mía
Acá en el alma te hablaba

Y en esta idea notable
Dichosamente vivía;
Porque en mi mano tenía
El fingirte favorable.

Con traza tan peregrina
Vivió mi esperanza vana
Pues te puedo hacer humana
Concibiéndote divina.

¡Oh, cuan loco llegué a verme
en tus dichosos amores,
que aun fingidos tus favores
pudieron enloquecerme!

¡Oh, cuán loco llegué a verme
en tus dichosos amores,
que aun fingidos tus favores
pudieron enloquecerme!

¡Oh, cómo en tu Sol hermoso
mi ardiente afecto encendido,
por cebarse en lo lúcido,
olvidó lo peligroso!

Perdona, si atrevimiento
Fue atreverme a tu ardor puro;
Que no hay Sagrado seguro
De culpas de pensamiento.

De esta manera engañaba
La loca esperanza mía,
Y dentro de mí tenía
Todo el bien que deseaba.

Mas ya tu precepto grave
Rompe mi silencio mudo;
Que él solamente ser pudo
De mi respeto la llave.

Y aunque el amar tu belleza
Es delito sin disculpa,
Castíguense la culpa
Primero que la tibieza.

No quieras, pues, rigurosa,
Que estando ya declarada,
Sea de veras desdichada
Quien fue de burlas dichosa.

Si culpas mi desacato,
Culpa también tu licencia;
Que si es mala mi obediencia,
No fue justo tu mandato.

Y si es culpable mi intento,
Será mi afecto preciso;
Porque es amarte un delito
De que nunca me arrepiento.

Esto en mis afectos halló,
Y más, que explicar no sé;
Mas tú, de lo que callé,
Inferirás lo que callo.

Teme que su afecto parezca
Gratitud y no fuerza

Señora, si la belleza
Que en vos llego a contemplar
Es bastante a conquistar
La más inculta dureza,

¿Por qué hacéis que el sacrificio
Que debo a vuestra luz pura
Debiéndose a la hermosura
Se atribuya al beneficio?

Cuando es bien que glorias cante,
De ser vos, quien me ha rendido,
¿Queréis que lo agradecido
Se equivoque con lo amante?

Vuestro favor me condena
A otra especie de desdicha,
Pues me quitáis con la dicha
El mérito de la pena.

Si no es que dais a entender
Que favor tan singular,
Aunque se puede lograr,
No se puede merecer.

Con razón, pues la hermosura
Aun llegada a poseerse,
Si llega a merecerse,
Dejara de ser ventura.

Que estar un digno cuidado
Con razón correspondido,
Es premio de lo servido,
Y no dicha de lo amado.

Que dicha se ha de llamar
Sólo la que, a mi entender,
Ni se puede merecer,
Ni se pretende alcanzar.

Ya que este favor excede
Tanto a todos, al lograrse,
Que no sólo no pagarse,
Mas ni agradecer se puede.

Pues desde el dichoso día
Que vuestra belleza vi,
Tal del todo me rendí,
Que no me quedó acción mía.

Con lo cual, señora, muestro,
y a decir mi amor se atreve,
Que nadie pagaros debe,
Que vos honréis lo que es vuestro.

Bien se que es atrevimiento
Pero el amor es testigo
Que no se lo que me digo
Por saber lo que me siento.

Y en fin, perdonad por Dios,
Señora, que os hable así,
Que si yo estuviera en mí
No estuvierais en mí vos.

Sólo quiero suplicaros
Que de mí recibáis hoy,
No sólo el alma que os doy,
Mas la que quisiera daros.

Dos dudas en que escoger
Tengo, y no se a cual prefiera,
Pues vos sentís que no quiera
Y yo sintiera querer.

Con que si a cualquiera lado
Quiero inclinarme, es forzoso
Quedando el uno gustoso
Que otro quede disgustado.

Si daros gusto me ordena
La obligación, es injusto
Que por daros a vos gusto
Haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien
Apruebe sentencia tal,
Como que me trate mal
Por trataros a vos bien.

Mas por otra parte siento
Que es también mucho rigor
Que lo que os debo en amor
Pague en aborrecimiento.

Y aun irracional parece
Este rigor, pues se infiere,
Si aborrezco a quien me quiere
¿qué haré con quien aborrezco?

No se como despacharos,
Pues hallo al determinarme
Que amaros es disgustarme
Y no amaros disgustaros;

Pero dar un medio justo
En estas dudas pretendo,
Pues no queriendo, os ofendo,
Y queriéndoos me disgusto.

Y sea esta la sentencia,
Porque no os podáis quejar,
Que entre aborrecer y amar
Se parta la diferencia,

De modo que entre el rigor
Y el llegar a querer bien,
Ni vos encontréis desdén
Ni yo pueda encontrar amor.

Esto el discurso aconseja,
Pues con esta conveniencia
Ni yo quedo con violencia
Ni vos os partís con queja.

Y que estaremos infiero
Gustosos con lo que ofrezco;
Vos de ver que no aborrezco,
Yo de saber que no quiero.

Sólo este medio es bastante
A ajustarnos, si os contenta,
Que vos me logréis atenta
Sin que yo pase a lo amante,

Y así quedo en mi entender
Esta vez bien con los dos;
Con agradecer, con vos;
Conmigo, con no querer.

Que aunque a nadie llega a darse
En este gusto cumplido,
Ver que es igual el partido
Servirá de resignarse.

Ante tus ojos benditos
Las culpas manifestamos,
Y las heridas mostramos,
Que hicieron nuestros delitos.

Si el mal, que hemos cometido,
Viene a ser considerado,
Menor es lo tolerado,
Mayor es lo merecido.

La conciencia nos condena,
No hallando en ella disculpa,
Que respecto de la culpa,
Es muy liviana la pena.

Del pecado el duro azar
Sentimos, que padecemos
Y nunca enmendar queremos
La costumbre de pecar.

Cuando en tus azotes suda
Sangre la naturaleza,
Se rinde nuestra flaqueza,
Y la maldad no se muda.

Cuando el pecado mancilla
La mente con fiera herida,
Padece el alma afligida,
Y la cerviz no se humilla.

La vida suelta la rienda
En su acostumbrado error,
Suspira por el dolor,
Y en el obrar no se enmienda.

Puestos entre dos extremos,
En cualquiera peligramos;
Si esperas, no la enmendamos;
Si te vengas, nos perdemos.

De la aflicción el quebranto
Nos obliga a la contricción
Y en pasando la aflicción,
Se olvida también el llanto.

Cuando tu castigo empieza
Promete el temor humano;
Y en suspendiendo la mano,
No se cumple la promesa.

Cuando nos hieres, clamamos
Que el perdón nos des, que puedes,
Y así que nos lo concedes.
Otra vez te provocamos.

Tienes a la humana gente
Convicta en su confesión,
Que si no le das perdón,
la acabarás justamente.

Concede al humilde ruego
Sin mérito a quien criaste,
Tú que de nada formas
A quien te rogará luego.

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Poesia de amor, Poesías

Detente sombra, de Sor Juana Inés de la Cruz

Por Marcelo Ferrando Castro, en 17 de Julio de 2009

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

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Poesia de amor

POR QUE?

Por Redacción, en 31 de Mayo de 2009

CARLOS:Hoy hace 365 días de tu partida,365 días de dolor y culpa.Dolor porque no sabes cuanto te queríamos y culpa por no habértelo dicho millones de veces más.
El dolor cada día es más intenso, porque cada día que pasa se te extraña más. Necesito un abrazo, verte, escucharte y sólo me tengo que conformar viéndote en mis sueños. Me sigo preguntando el ¿Por que? ¿Por que? DIOS te arrebato de nuestro lado, ¿Por qué no nos dio otra oportunidad? ¿Por qué nos dejó acá solas llenas de dolor.¿Por qué? ese maldito accidente me robó lo más lindo que tenía, que eras vos hermano.
Si bien sé que fuiste el ángel que no necesitó tener alas para volar al cielo ¿POR QUÉ VOLASTE TAN PRONTO? Acá se respira dolor, bronca, impotencia y en cada lugar que recorro se nota tu ausencia porque estás siempre en mis pensamientos y en mi corazón.
Te amo hermano, perdón por las veces que no te lo dije. La vida ya no será igual, algo se quebró, mi corazón se rompió desde tu partida.TE AMO CARLOS, TE EXTRAÑO. Se que nos volveremos a encontrar, espérame.

Autor: CLAUDIA

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Poesia de amor

Escalofrio

Por Redacción, en 30 de Mayo de 2009

Escalofrío sentí cuando tus labios dijeron adiós.

Escalofrío que recorrió todo mi cuerpo y mi alma se durmió.

Escalofrío provocaron tus palabras y por fin cuenta me di de lo que hace tanto me querías decir.

Escalofrío siento al recordarte y también al olvidarte.

Cecilia Tellez
ciudad juarez

Autor:

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Poesia de amor

para ti

Por Redacción, en 29 de Mayo de 2009

ayer te ví
ayer te oí
ayer te olí
y ayer te sentí

hoy te tengo en mi corazón
hoy lloro por tu amor
y hoy también te amo

un capricho es algo que pasa
un capricho es un instante
y un capricho se muere
pero yo siempre te amaré

mañana saldrá el sol
mañana saldrá la luna
mañana saldran mis lágrimas
y
mañana también te amaré.

Autor: coro

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Poesia de amor

La Rosa, Toyteno de monte rey

Por Redacción, en 28 de Mayo de 2009

Estoy solo y desamparado,
buscando una solución,
esperando un amor puro,
que encuentre mi corazón.

La rosa está en la ventana,
tu amor en mi corazon,
creando bellas ilusiones,
en mi profunda oración.

Estoy solo y desamparado,
quien curará mi dolor,
la rosa en la ventana,
que dulce es su olor.

Autor: Toyteno

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Poesia de amor

dejame amor

Por Redacción, en 26 de Mayo de 2009

dejame sentirte amor…sobre tu piel.
dejame perderme amor… en tu mirar…
dejame caerme amor encada ser.
dejame morirme….en tu despertar.
dejamer soñar amor…con tu piel.
y recorrer cada sentimetro…de tu soñar.
dejame morir…portu querer
y amarte en lo eterno y resucitar.
dejame morirme una vez mas
dejame sentirte amor…sobre tu piel.
dejame perderme amoor….en tu mirar

Autor: sandy liliana

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Poesia de amor

POEMA DE AMOR

Por Redacción, en 19 de Mayo de 2009

DIJISTE QUE ME QUERÍAS
DIJISTE QUE ME AMABAS
PERO NUNCA ME DIJISTE
QUE CON OTRA ME ENGAÑABA.

PARA QUE QUIERO PALOMA
SI NO TENGO PALOMAR
PARA QUE QUIERO TU BOCA
SI NO LA PUEDO BESAR.

LAS ROSAS PARA SER ROSAS
NO NECESITAN DOS COLORES
Y EL HOMBRE PARA SER HOMBRE
NO NECESITA DOS AMORES.

MORENITO LINDO
SON TUS OJOS COLOR MIEL
TENIENDO AGUA EN TU BOCA
ME DEJASTE MORIR DE SE
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Poesia de amor

Mi oscuridad

Por Redacción, en 18 de Mayo de 2009

Un mudo silencio llega a mis oídos
En la compañía de la soledad
te vuelvo a recordar.
Mi pensamiento se va a lugares
donde me es imposible pensar.
Los recuerdos he de olvidar,
en huecos vacíos, se han de reposar.
Solo el lento palpitar de mi corazón
me mantiene en esta realidad.

El equilibrio se esta a punto de quebrantar,
y la locura de apocó quiere avanzar.
Pero el dulce perfume de tu piel,
es un antídoto que me devuelve la felicidad.
Te oigo acercar, te presiento que a mi volverás.
Tus ojos se abren en la penumbra,
con ellos vuelvo a mirar.
Ríes y vuelco a escuchar.
Me acaricias y mi piel comienza vibrar.

Pero solo es una noche más,
en la que vuelvo a soñar.
Y la luz del Sol me volverá a cegar.
Aguardando una noche más,
sabiendo que en alguna de ellas,
ya no volverás.
Sabiendo que ya no me brindaras
tu luz en mi oscuridad.

Ariel Lenin Columbich

Autor: arielcolumbich

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Poesia de amor

Te Necesito

Por Redacción, en 15 de Mayo de 2009

Te necesito como el dia al sol.
Como la noche a la luna.
Como el cielo a las estrellas.
Como la niña a su muñeca.
Como la madre a su hija.
Como el mar a la sal.
Como los petalos a la rosa.
Como mis besos a tu boca.
Como nuestros ojos necesitan ver y nuestros oidos oir.
Te necesito como el desierto necesita a su arena,
como el poeta a su poesia,
como el pintor a su pincel,
como mi corazon a tu amor,
como el libro a sus paginas,
como el angel a sus alas.
Te necesito para salir de mi soledad y escapar de mi oscuridad.
Solo ven a mi.

Autor: Miley Caliba

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