RECUERDO DE NUESTRA PRIMERA NOCHE
RECUERDO DE NUESTRA PRIMERA NOCHE
Tu corcel salvaje
de pelaje negro pendenciero
trotaba entre gemidos y te quieros
por mis vírgenes parajes
nunca antes explorados
por amazona tan insaciable;
fierecilla de mis sueños bien amados
sabes como dejarme saciado
cuando cumplo igualmente mi parte del tratado
que con besos y caricias ambos sellamos
cualquier día sea o no señalado,
fuente de deseos inagotable
tan buenos
no creo sean loables
tan dulces
no hay nada igualable
tan verdaderos y reales
son para otros envidiables,
sabia y bella de gran talento
comprendiste desde el primer momento
que el amor verdadero que por ti siento
medible no es por ningún instrumento
pues este llega muy lejos,
más allá del universo
tanto en el espacio
como en el tiempo,
ídolo que de mí hace emanar
algo que muy pocos saben apreciar,
los secretos del arte de amar
para que así juntos gocemos
hasta que nuestros ya fatigados cuerpos
a gritos nos pidan parar.
En el pasado
jamás hubiese pensado
que a probar los manjares de tu cuerpo
estaba yo predestinado
cuando toda esperanza había abandonado
y aceptado ya que estaba condenado;
condenado a viajar solo por el mundo
condenado a pasar mi existencia moribundo
condenado, condenado desde niño
has venido,
no se si por orden divino,
y me has tiernamente salvado
pues ahora estando enamorado
matarme sería un pecado.
Por eso, querida mía,
no habría yo soportado
que me hubieses tú rechazado.
Por eso, sol que me guía,
dispuesto a dar yo estaría
gustoso por ti mi vida.
Pienso ahora y creo sin dudarlo
que eres un ángel
jugando eternamente
a ser por mí pagano.
… Yendo más tarde al trote galopando
con nuestro ritmo acompasado
de cabeza, cintura, muslos y manos
íbamos gozando durante el camino
hacia el estado divino
donde nuestras dos almas inmortales
seguirían amándose como tales
aun cuando nuestros cuerpos se separen.
Mis lascivos dedos ahora sudorosos
se deslizaban con pasión desenfrenada
de tu cintura curvada
a rodear la cumbre de tus senos temblorosos;
pétalos duros a la vez que sedosos.
Echaste hacia atrás tus manos
Y tus cabellos aterciopelados,
apretaste tus muslos tersos, morenos
y fue entonces inesperado
cuando quedé yo dulcemente atrapado
en la cárcel de los deseos
pudiendo ver entonces adulado
tu bello y esbelto cuerpo luminado.
Fue en este glorioso instante
cuando a espasmos comenzaste
el final y el principio;
final de nuestra noche de amor interminable
principio donde no hay nada impío
cuyo desenlace nunca escrito
sólo por Dios es sabido.

