Se me antoja
Se me antoja…
Se me antoja para remedio de mis males,
un minuto de descanso, de recuerdo y de dolor…,
pero descanso, recuerdo y dolor verdaderos,
que sacudan mi alma y me hagan saber que vivo.
Que se estremezcan las venas de mi cuerpo
y sienta el fluir de la sangre por ellas.
Sentir la proximidad de Dios y saludarle
y decirle tantas cosas como nunca le he dicho.
A estas horas me sentaría bien tenerte a mi lado,
con tu sonrisa franca, tus palabras o tus silencios,
en fin, tener algo de ti para llevar en mi bolsillo
y tomarlo en cada instante de soledad como paliativo.
El llanto y el olvido no me alcanzan para aliviar mis penas;
la ausencia de ti, me carcome profundamente…,
mi corazón ciego me dice que no te has ido,
pero no te alcanzo y tu ausencia llega lentamente.
Yo no puedo olvidarte: no quiero. Pero tu recuerdo me duele.
¡Y como no habría de dolerme si te amaba tanto! Aun te amo.
Y recuerdo para mi adentros tu rostro menguado por el dolor,
y tu confianza plena que daba fuerza a mi quebrantada fe.
Ya no estás conmigo: esa es mi realidad;
ya no escucharé tu voz: lo acepto;
mis manos ya no tocaran tu rostro al mirarte sonreír.
La muerte me privo de todo ello, pero no me quitará tu recuerdo.
Por el lucharé al morir y lo llevaré conmigo a donde vaya.
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