Ya nada importa.
Los caminos que errante transité
sacudieron de su árida serpiente
mis sudores, mis rastros.
Tarde, y ya nada importa.
Vivo en calma de muerto,
expósito ,
sedente en el taburete añejo,
hijo desposeído de la llama al viento.
Amanece, y ya nada importa.
Rotos los telares del alba
su urdimbre celeste
su trama nubelina
surgen como míseros destellos de la nada.
Oh, sombra y luz
como ojos oscuros,
palabras radiantes y cimeras,
como bocas de fuego.
En avanzada ligera
hacia el exilio de los mártires,
por el amor fui un solo caminante.
Vaciada la semilla
flor que no retoña
y nace herida
de sus perfumes pequeños
de sus venas finas y eternas.
Y al final,
la palabra desolada.

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