Sentado en la estación
Como cada mañana sentado en un asiento de losa
el frío recorre mis párpados y mi delgado cuerpo.
Esperando, voy y vengo con mis pensamientos,
y mi voz transeúnte vaga por los rincones,
y yo, sólo, recorro el invierno en mi corazón.
El sol agujerea el grisáceo cielo en armonía
con mis ojos extinguidos en el ancho arcén.
Sentado entre viejas vías y estrechas arterias
observo como envejece la sociedad ausente
y delego en mi soledad, entre la multitud perdida.
Cada mañana es igual a la exterior y diferente,
distinta porque rueda la vida y su conjunto.
Rueda mi vida como el viento solitario y triste.
Mientras el paisaje se difumina en mi vida
tartamudea mi alma errante en los fríos trenes.

