SUEÑO

16 de Marzo, 2008

SUEÑO

Con la punta de mis dedos
juego con el contorno de tu boca.
La deshago lento, profundo.
Recorro cada centímetro de su periferia.
Siento la humedad, su vaho recóndito y templado.
Mi dedo de desmorona en tu saliva,
en tu lengua pérfida, para luego
ir en busca de tu piel de bebe.
Ese edén de membranas de capas blancas,
perfumadas por ese aroma
mezcla de recién nacido y anciana de mil guerras.
Y continuo por entre tu nariz
y sigo suave por unas líneas
de adolescentes arrugas que bajan
con paciencia desde esos ojos flasheados, quizás tristes.
Me detengo allí.

Observo con mi epidermis las autopistas
de las marcas del tiempo en tu rostro.
Camino ligero para no encontrarme
con tus desolaciones y tus miserias.
Tus ojos lo miran como absortos,
no saben que desde la punta de mis dedos
intento descubrirte, atravesarte, entenderte.
Las manos ahora abrazan tu pelo
atesorando las raíces y enmarañándolo todo.
Nuestras bocas están cercanas
y enfrentadas a una distancia imperceptible
pero no se juntan, permanecen quietas,
reflejadas en un espejo desteñido
repleto de imágenes oníricas.
La muerte que navega desnuda
en un mar de incertidumbres,
repletos de olas gigantes que se van desparramando
en cada minuto de nuestras existencia,
unos niños descalzos buscando una morada,
tigres de bengala explorando
el terreno virginal de un cuerpo púber,
unos hombres embriagados de licor
especialmente diseñados para olvidar a amores disconformes.
Pero mi manos siguen en tu finas hebras,
mi vista por fin ardiendo frente a tu mirada
que pide mi presencia en ti

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